Tenía pendiente este artículo desde hace semanas. Ha sido interesante la lectura de este voluminoso libro, casi 700 páginas, de Fernando Sánchez Gómez. Periodismo gastronómico es un verdadero manual para aquel que quiera tener fundamentos en esta rama del periodismo tan de moda y, a pesar de ello, tan poco valorada en realidad, la información gastronómica.

El autor ya se ocupó en un primer tomo del periodismo gastronómico digamos subjetivo. La cocina de la crítica (2014) que se me antoja lectura imprescindible tras leer este segundo volumen. Efectivamente, este manual no trata de críticas y críticos, sino de los que escriben de bares y restaurantes sin entrar en valoraciones subjetivas. Así, el autor, hace un recorrido histórico y analítico por los géneros informativos y argumentativos con los que los medios, no solo los periódicos, cita también revistas y llega hasta el actual mundo de internet donde campan influencers y foodies, informan y opinan de gastronomía, arrancando desde el siglo XVIII.

Su primer volumen, La cocina de la crítica. Historia, teoría y práctica de la crítica gastronómica como género periodístico, fue publicado en 2014 como tesis doctoral, la primera en tratar este tema desde un punto de vista científico y universitario, calificada con sobresaliente cum laude, recibió en 2015 el Premio Euskadi de Gastronomía y el Prix de la Littérature Gastronomique de la Academia Internacional de Gastronomía.

El libro Periodismo Gastronómico se abre con toda una declaración de principios, una cita de mi amigo, también escritor gastronómico, el gaditano José Berasaluce: “Cada vez que un reportero se deja invitar por un chef para que hable bien de su restaurante, se comete un pequeño atentado contra la libertad de expresión” (Diario de Cádiz). En la línea siempre mordaz de Berasaluce, esta misma frase ya da pie para todo un tratado sobre los escritos, los “escritores” y la situación actual del sector del periodismo gastronómico, abocado, dada la desidia de los grandes medios hacia los profesionales de la escritura, a convertirse, de hecho ya lo es, en un pasatiempo muy caro o, contra lo que declara el autor citado, una colaboración entre los profesionales de la hostelería y los “críticos”, donde lo que prima es el publirreportaje con apariencia de artículo.

Y aquí entono yo el mea culpa, pues los que de una u otra manera escribimos sobre bares y restaurantes, y no solo eso, voy más allá, sobre productos (vinos, licores, alimentación, etc.) que frecuentemente nos remiten los elaboradores, nos vemos en esa tesitura, o no aceptar ninguna invitación o, a pesar de ser invitados, escribir con rigor, honestidad y subjetividad crítica, sobre el local o producto en cuestión, y todo ello en un sector que no siempre, por no decir casi nunca, encaja bien las críticas negativas (constructivas). De todo esto, como digo, habría que hablar largo y tendido, pero no es cuestión aquí, ya que hablamos del libro de Sánchez Gómez.

El autor, como ya señalaba, nos lleva de la mano por el nacimiento de la escritura gastronómica, meros anuncios publicitarios que, posteriormente, veremos como se asemejan a los escritos informativos en forma de artículo. Hay interesante información gráfica, que reproduce publicaciones de cada época. Y se citan los autores fundamentales del género. Sánchez Gómez propone una interesante sucesión histórica desde los primeros contenidos sobre el tema, citando varias fases: periodismo patriótico, ideológico, informativo, interpretativo-explicativo, de servicio y periodismo ciudadano, apareciendo ya en este el llamado “ciudadano-foodie” y la explosión de la gastronomía en redes sociales, con miles de blogs, perfiles de instagram, etc. Tema que ocupa toda la parte final del manual, analizándose desde distintas miradas el  periodismo gastronómico en la red.

El libro está lleno de interesantes reflexiones muy a tener en cuenta por todo el que esté interesado en este mundo. Sería largo citar todas las que he ido señalando en el tomo, baste una de las primeras que aparecen en sus páginas: “El boom de la gastronomía como acontecimiento periodístico se apoya en la figura del cocinero mediático. Un referente personal del periodismo gastronómico que no va a limitarse a escribir su receta, sino también disputarle espacios en los medios al profesional de prensa…” Clarividente reflexión sobre la epidemia de chaquetillas blancas que proliferan en cualquier acontecimiento, evento o programa gastronómico actual.

No sigo, solo recomendarles encarecidamente la lectura de este manual y, si por casualidad se dedican a escribir sobre gastronomía, les anuncio que su lectura les removerá muchas cuestiones internas, al menos a mí me lo ha hecho.