Se ha celebrado esta semana que termina el congreso gastronómico, Madrid Fusión Alimentos de España 2021. Evento al que hay que agradecer el que nos haya devuelto la ilusión de volver a mostrarnos pabellones llenos de vida y reencuentros gastronómicos. Dicho lo cual, habría que plantearse si este modelo de congreso del sector no debería renovar sus propuestas.

La fórmula es archiconocida: Zona expositiva donde se encuentran los expositores que pagan un buen precio por enseñar sus productos y zona de “espectáculo” donde los habituales cocineros intentan deslumbrar en cada ocasión con sus creaciones. Todo ello con una pléyade itinerante de cocineros más modestos que van con toda la ilusión del mundo a ver a sus ídolos recrear platos, asistiendo a las ponencias con la boca abierta, donde menudean después, un tanto gratuitamente, calificativos como “grande”, “genio”, “puto amo” y alguna otra expresión admirativa. O sea, que estos cocineros que se suben al escenario suelen contar con un público a favor dispuesto a encandilarse con sus creaciones y la parafernalia al uso. Un habitual triunfador en dichos escenarios es el gaditano Ángel León, al que hay que reconocerle la  creatividad de traer en cada ocasión una novedad, ya sea una comida fluorescente o, como este año, un “jamón de atún”, que le hace merecedor de los focos mediáticos en cada una de sus apariciones.

No obstante, como ha señalado en redes algún profesional como el fotógrafo gastronómico, Manolo Manosalbas, se echan en falta ponencias relativas a la gastronomía desde otras perspectivas profesionales, que no sean la mera exhibición de los archiconocidos chefs y la, normalmente, síntesis precocinada de sus recetas. Talleres y ponencias de fotografía gastronómica (tan importante hoy día en la difusión mediática del sector), por ejemplo, como cita el fotógrafo, o, incluso, las casi desaparecidas mesas redondas de expertos, comunicadores y profesionales de la teoría gastro, claro que este intercambio intelectual desde distintas posiciones está aún más encorsetado desde que un importante grupo de comunicación nacional, controla la práctica totalidad de este tipo de congresos.

Para el mantenimiento del “espectaculo” son imprescindibles desde hace unos años, todo ese ejército de gourmets, foodies, instagramers, influencers, blogueros, etc., que, pagándoselo de su bolsillo, dan cobertura gratuita a cada acto del evento y peregrinan de un rincón a otro documentándolo todo con sus fotos telefónicas, si es posible con el consabido postureo junto al famosete que pase por allí o con el grupito de colegas encantados de verse, para colgarlo instantáneamente en las redes, con los consabidos comentarios deslumbrantes de todo lo que ven, oyen y fotografían. Saludar y ser saludado es la consigna.

Creo que, reconociéndole el mérito de agrupar cocineros de prestigio, ser escaparate de cierta parte del mundo hostelero actual y lugar de encuentro para ver y ser visto, no viene mal un ejercicio de crítica para renovarse y estudiar nuevos caminos a transitar en estos congresos gastronómicos.