Publicamos no hace demasiado tiempo sobre el cierre del emblemático restaurante madrileño Zalacaín, un referente de la alta gastronomía española del siglo XX y cuna del padre de la sumillería moderna nacional, Custodio Zamarra. Hace poco también nos llegó la noticia del peligro de cierre que levitaba sobre uno de los restaurantes más antiguos y emblemáticos de la capital de España, el histórico Lhardy. Afortunadamente ambos cuentan ya con empresas que tienen en marcha proyectos de viabilidad para ambos carismáticos establecimientos.

Sala del restaurante Zalacaín

El restaurante Zalacaín, tras una farragosa subasta donde las cuitas judiciales han estado por medio, queda en manos de una sociedad cuya cabeza mediática es el exitoso cocinero, Iñigo Pérez “Urrechu”, junto con Manuel Marrón, propietario del 50% del grupo inmobiliario Gilmar, que se impusieron en la puja al grupo Cool Moon, cuya figura mediática en los fogones iba a ser el cocinero malagueño Dani García. Urrechu mejoró la puja y, además, contaba al parecer con la estima a favor de los trabajadores de Zalacaín, que aceptaron sus propuestas de modificación salarial, lo cual ayudará a los nuevos gestores en su plan de mantener la línea de alta gastronomía de Zalacaín e incluso potenciar su nueva imagen, no olvidemos que este restaurante fue el primer tres estrellas Michelin de España, logro de 1987.

Por su parte qué decir del restaurante Lhardy, en cuya fachada y tienda se paran madrileños y visitantes del “foro” desde que abrió sus puertas nada menos que en 1839. Tercer siglo pues de existencia para esta

Salón isabelino de Lhardy

emblemática casa de la Carrera de San Jerónimo donde se han gestado gobiernos, golpes de estado, presidentes de la República, sin olvidar sus tertulias literarias, artísticas y, cómo no, celebres citas amorosas más o menos discretas. El peligro de lo que sería trágico cierre lo ha esquivado gracias a Pescaderías Coruñesas, empresa familiar fundada en 1911 y que cuenta con varios restaurantes en Madrid, entre ellos el popular O’Pazo. Las noticias que nos llegan son muy halagüeñas, ya que la nueva dirección no solo respetará la idiosincrasia del negocio sino que mantendrá recetas emblemáticas, entre ellas su famoso cocido madrileño, e incluso remozará elementos históricos del edificio que está protegido por Patrimonio. Para llevar adelante el proyecto se ha puesto al frente del mismo a Abel Valverde, que estuvo al frente de la sala de Santceloni con Santi Santamaría, y que tiene la intención de potenciar el servicio de sala, recuperando emplatados a la vista del cliente.