Dicen que es de mal periodista parafrasear el título de una película para encabezar un artículo, supongo que lo mismo vale si se usa una canción o, como en este caso, el otrora celebre libro del checo Milan Kundera. No importa mucho en este caso por dos motivos, yo no fui a la Facultad de Periodismo (no existía en Sevilla en mi época) sino a la de Historia y porque sirve perfectamente a ese sentido de lo provisional que tienen todos los negocios y es lo que quiero transmitir con el titular.

Bodeguita San José

No son pocos los medios que se están haciendo eco del supuesto inminente cierre de la Bodeguita San José o El Punto, del popular barrio ribereño del Arenal. El tono elegiaco de los diversos artículos queda muy bien en ese estilo castizo costumbrista que tanto agrada a muchos lectores locales, pero pocos concluyen comentando que, al fin y al cabo, se trata de un simple intercambio comercial, el propietario del local sube el alquiler a tal nivel que el inquilino no pueda pagarlo para, presumiblemente y atendiendo al auge hostelero de la zona (obviando el paréntesis coviniano) volverlo a alquilar a una de esas familias de moda en la hostelería sevillana para que abran otro “gastrobar” de jardines por las paredes y tatakis variados, no es nada personal, solo negocios, sigo con los recursos periodísticos tópicos y baratos.

Por diversas circunstancias se han juntado en el tradicional barrio varios cierres del mismo tipo en un radio corto de metros. El trágico de Bodegas Salazar, donde se vislumbran obras de remodelación que, afortunadamente, parecen estar respetando la idiosincrasia de local con tanto pedigrí tabernario.

El otro cierre ha sido callado y a puerta cerrada, el de la Bodeguita Virgen de los Reyes, un templo de la caña bien tirada, el tinto peleón y los Reig y los Faria para taurinos tiesos. El que haya pasado recientemente por la calle Arfe habrá podido observar que la han tirado entera por dentro ¿qué saldrá de ahí? qué sabe nadie (sí, lo sé, me estoy poniendo pesado con lo de los títulos).

En fin, todo esto me recuerda un poco al caso de la ferretería de la calle Entrecárceles, muchos lamentos pero en realidad ¿Cuánta gente iba?