Siempre lo cito en mis cursos de iniciación a la cata. Cuento la anécdota de los inicios, del hombre que regalaba a sus clientes de maquinaria agrícola los vinos de su propia elaboración. Se ha ido Alejandro Fernández, el creador de Pesquera, el precursor de la grandeza actual de los vinos de Ribera de Duero.

Pesquera, un tinto de esos que ahora llaman “clásicos”, pero que aún no ha cumplido ni los cincuenta años de vida, que eso, en la historia de una comarca vinícola no es mucho tiempo. Fue en 1975 cuando Pesquera salió en su primera añada, aún quedaban unos años para la eclosión nacional e internacional, de los vinos de Ribera de Duero, a los que encumbraría tiempo después eso que se ha llamado la moda de los vinos “parkerizados”, o sea, según los gustos del famoso gurú mundial del vino, el estadounidense Robert Parker Jr. y su famosa revista The Wine Advocate. Color, potencia, grado alcohólico, fruta muy madura, menos maderización, algo que no se encontraba en los riojas “clásicos” (ahora sí) al uso.

Junto a su hija Eva, su mano derecha en los últimos años

La Tempranillo o Tinta Fina en Ribera de Duero, es la reina de estos vinos que, siguiendo la estela de aquel Pesquera original, han labrado el prestigio de una de las zonas vinícolas más importantes del país. Ya existía décadas atrás el prestigio de Vega Sicilia, pero la eclosión de nuevas bodegas fue surgiendo en años posteriores donde, los que visitamos su feria de vinos, Riberexpo, pudimos comprobar como edición tras edición, se iban multiplicando las bodegas que elaboraban y presentaban etiquetas propias.

La Denominación de Origen nació en 1982 con unas 30 bodegas, tomando el nombre cedido por Protos, ahora son unas 250 las que ostentan cada año las contraetiquetas del Consejo Regulador, con vinos líderes en ventas. Alejandro Fernández marcó un camino que otros enólogos y bodegueros siguieron, para ir recortando distancia con Rioja, líder indiscutible.

A Pesquera siguieron otras marcas de éxito como Condado de Haza, un vino que siempre me gustó muchísimo y, posteriormente, El Vínculo, un manchego de altos vuelos elaborado por este grupo familiar que, desgraciadamente, ha sido más noticia en los últimos años por sus pleitos por el control de los viñedos y bodegas que por el prestigio de sus vinos. Triste cierre a una vida de éxito, lo que no empañará de ninguna manera la historia de un grande de nuestros vinos, Alejandro Fernández.