No es la primera vez que hablamos de Bodega La Margarita. En unos años, esta bodega familiar conducida con tino y modestia por Raúl Fernández, ha abanderado, junto con alguna otra de la Sierra Norte sevillana, la recuperación de la elaboración de vinos en esta comarca sevillana. Con su Cocolubis criado en roble español, La Margarita se consolida, a mi juicio, y refrendado por los diversos galardones obtenidos en los últimos años, como una indiscutible referencia en vinos de calidad de la provincia y, con este vino en particular, a la altura de los mejores de España.

No exagero al decir que este Cocolubis 2018 está a la altura de tintos de prestigio consolidado en denominaciones con mucha mayor tradición y constancia en la elaboración de este tipo de tintos con crianza. Elaborado con uvas Tempranillo de la finca propia en el término municipal de Constantina, permanece posteriormente durante 22 meses en las seis barricas de roble español de la bodega. Hemos catado la botella 628 de las únicamente 1815 que se han embotellado.

Decía hace pocos días en un artículo referido a la reciente cata del nuevo Tío Pepe en rama 2021, que ya son pocos los momentos de verdadero placer y descubrimiento que me ofrecen vinos nuevos, pues bien, en este abril primaveral lo han conseguido dos vinos y me cabe la satisfacción que hayan sido uno de Cádiz y otro de mi querida Sevilla. Para mí, personalmente, Cocolubis 2018 es uno de los mejores tintos que se elaboran en la provincia, claro que esto son siempre apreciaciones personales y cada uno tiene sus gustos, intentaré justificarlo con mis notas de cata.

A la vista presenta un tono granate de bordes rojizos y capa media. En unos primeros momentos en nariz se aprecian frutos rojos que, aun maduros, transmiten frescura, notas sutiles de especias negras y un leve tostado de elegantes maderas. Buena acidez en boca, frescura, algo tánico aún, evoluciona a mejor en botella, sin duda para disfrutarlo en seis meses a un año… y más. El final es largo, dejando una sensación cremosa y elegante.

Se abre en unos minutos intensificando su elegancia, mostrando notas de fina ebanistería y torrefactos con la frescura de la fruta roja madura que nos envuelve el paladar. Vivo acompañando una carne blanca al horno, se vuelve goloso, sedoso en el paladar con un queso cremoso tipo Brie. Largo y elegante.