Si uno tiene la dicha de probar el amontillado Fino Imperial, sacado de la bota bajo los techos de la bodega más antigua de Jerez, el artículo ya está hecho. Es que poco hay ya que contar. Pisar el albero en la penumbra de la bodega Bertemati, de 1770, con el sabor en el paladar de ese brillante líquido ámbar, Jerez, la gloria.

Viña del Diablo

Pero viajemos unas horas atrás, cuando entramos en el Viñedo del Diablo y nos rodean unas esplendorosas vides cubiertas de verde sobre el blanco de las tierras albarizas. Allí nos reciben José Luis Pérez, Director Comercial de Bodegas Díez Mérito y Salvador Espinosa, Director General y miembro de la familia que, desde hace ahora algo más de un año, es propietaria de la bodega.

Bodega El Cuadro

La familia Espinosa está invirtiendo en mejorar las instalaciones de las bodegas, tres naves nuevas en el mismo viñedo, la antigua Hacienda San Patricio, enmarcada en el Pago de Monte Gil, con unas 100 hectáreas de viñedo. Además poseen otros dos viñedos en pagos tan significativos con el Gibalbín, hacia los cerros más al norte y en Orbaneja, pago éste vecino del famoso Macharnudo. Aquí se extraen tras la vendimia el selecto mosto yema, por decantación y, por presión, el mosto de prensa, que fermentarán en depósitos de acero inoxidable a temperatura controlada. Desde allí, ya vino,

Bodega Bertemati 1770

emprenderán su camino para graduarse, bajo los techos de las bodegas del centro de Jerez.

La bodega El Cuadro data de 1819, también se está remozando, un casco de bodega ya del tipo catedral, bajo el que se alinean las andanas formadas por las botas de 500 litros de capacidad, hechas con madera de roble americana, envinadas previamente con los mismos vinos de la bodega.

Cruzamos la calle y entramos en la majestuosa bodega Bertemati, erigida en 1770 y diseñada con cubiertas de cupulillas rebajadas, es la mejor conservada de las del siglo XVIII en Jerez de la Frontera. En sus naves

Patio de la Bodega Bertemati

las botas del oloroso Victoria Regina y el amontillado Fino Imperial, dos de los vinos VORS de la bodega que, además, comercializa la marca Pemartín y la línea Bertola.

En el bonito patio interior de la bodega, con sus sombras y sus aromas en el aire, probamos una fresca copa de Fino Bertola, con cuerpo, con recuerdos de flor. Después vendrán los VORS, el oloroso muy viejo Victoria Regina, de profundo color “puesta de sol”, permítanme esta vez la cursilada, complejo,

Salvador Espinosa venencia Fino Imperial

elegante, seco y, como bien ha descrito en la cata Fran León, vertical, entrado hasta el “sentido” en línea recta. Y el Imperial, aquí hablamos de grandeza, de profundidad, de un mundo, de beberse en una copa todo lo que hay en la bodega, los aromas, las soleras centenarias, la historia, hay un fino que fue y hay oxidación, pero todo elegante y armonioso. El paladar se tiñe con una capa suave que dura una vida y te vas pensando que ojalá duren estos vinos toda la tuya… y compartirlos con la gente con la que estás a gusto.