Fotografía: Manolo Manosalbas

Texto: Javier Compás

Una brisa fresca llena de matices yodados nos recibe en Sanlúcar de Barrameda (Cádiz). Siempre es un placer viajar a esta bella ciudad de la costa gaditana donde el río Guadalquivir desemboca entre Doñana y Bajo de Guía. Las altas paredes encaladas de Bodegas Juan Piñero, nos anticipan aromas de manzanilla y penumbras de viejas botas de vino.

Calma entre las altas naves del casco de bodega, un edificio que se acoge a las proporciones habituales de las bodegas-catedrales del Marco de Jerez desde que se instauró el modelo a finales del siglo XVIII. Piñero es una bodega de tamaño medio, de almacenista, que comienza su actividad bajo la actual propiedad en 2013, sacando al mercado en primer lugar su fantástica Manzanilla Maruja.

Nos reciben en la puerta de la bodega el propio Juan Piñero y su enólogo, ese apasionado del vino de Jerez y Sanlúcar que es Ramiro Ibáñez, acompañados por Antonio Colsa de GM Cash, como “maestro de ceremonias”. Una veintena de invitados entre los que se encuentran significativas figuras de la hostelería de Cádiz, Huelva y Sevilla.

Ramiro Ibáñez, venencia en mano, explicando los vinos

Ramiro Ibáñez nos guía a través de las andanas de botas de roble americano que contienen los vinos de la bodega, en ésta de Sanlúcar de Barrameda, entre el 90% y el 95% son botas de crianza biológica, o sea, bajo velo flor. Así probamos primero una manzanilla muy joven, de apenas año y medio, que aún nos transmite sensaciones frutales, de pera y manzana, y leves atisbos de flor.

Bodegas Juan Piñero recupera los vinos de más largas crianzas, como antes. Hasta finales de los años 70 del pasado siglo, una Manzanilla Fina tenía una edad media no inferior a 7 años, hoy día se sacan incluso manzanillas de dos años. La más emblemática marca de esta bodega sanluqueña, su Manzanilla Maruja, tiene unos 8 años de vejez media. Probamos una Maruja de segunda criadera, más densa y con un punto ya de salinidad.

Feliz remate, garbanzos con chocos

Por fin, Maruja de la solera, la venencia se hunde en el dorado líquido de la bota traspasando el velo flor sin apenas dañarlo. Aromática, muy seca, con salinidad y recuerdos de frutos secos, un punto amargo, con un final donde se aprecian nítidamente los aromas de camomila.

Las altas puertas caladas de la sacristía de la bodega se abren para introducirnos en los más secretos misterios de los vinos, los que reposan décadas en las botas para hacernos sentir el goce pleno de los vinos generosos andaluces. Preparamos el paladar con una Manzanilla Pasada de 18-19 años, solo 16 botas de las que se realizan dos sacas al año de 1.000 botellas cada una, la que en Sanlúcar siempre han llamado “manzanilla mantecosa” por su paladar denso.

La hospitalidad de Juan M. Piñero

Amontillado VORS de 40 años, el brillante color caoba, el cuerpo, los punzantes aromas que nos llevan a las más placenteras sensaciones de estas joyas vinícolas. Fina ebanistería, delicados barnices, avellana americana, frutas golosas con un punto de pasas; larguísimo, elegante, la gloria.

Y comienzan a salir los platos de jamón y queso, por cierto, un gustoso jamón de Atarfe (Granada) y los muy buenos quesos de COVAP, del Valle de los Pedroches cordobés. La faena se remató en torno a una mesa donde florecieron las conversaciones amigables y las sonrisas, que se intensificaron cuando llegó a la mesa un guiso de garbanzos con chocos.