Ramón Berenguer IV, Conde de Barcelona, propició la creación del Real Monasterio de Santa María de Poblet en 1149. Primer ejemplo de abadía cisterciense y ejemplo de las posteriores constituidas en España, es panteón tradicional de los reyes del Reino de Aragón. Como todos los monasterios medievales, viñedos propios propiciaban la elaboración de vinos por los monjes, tanto para las celebraciones sagradas como para consumo propio, así como, algunas veces, como fuente de ingresos para el sostenimiento de la abadía.

Instalaciones de Bodega Abadía de Poblet

Poblet fue declarado Patrimonio de la Humanidad en 1991 por la UNESCO. Situado en la comarca catalana de la Cuenca de Barberá, estuvo adscrito desde sus inicios a la orden fundada por San Bernardo. Cumple los requisitos que los bernardos demanda del entorno para establecerse, aislamiento, agua abundante y tierras extensas para la agricultura.

Los convulsos siglos XIX y XX en España, propiciaron saqueos, incendios y diversas vicisitudes que, afortunadamente, no han conseguido hacer desaparecer la abadía. Los monjes del Císter siguen en Poblet, manteniendo el huerto y una hospedería que puede acoger hasta 12 huéspedes (solo varones) que deseen un retiro espiritual.

Hasta 17 granjas llegó a regentar el monasterio en la Edad Media. Dentro de las instalaciones monacales siguen creciendo viñas y existe una bodega, la única en España que se encuentra dentro de un monumento histórico. Además, en esta bodega enmarcada en la D. O. Conca de Barberà, se están recuperando variedades autóctonas, principalmente la Trepat, también la Garrut y la Garnacha.

El enólogo Ricard Roces, ayudado por Jaume Pujol, tras realizar una excelente labor en el cercano Priorato, Bodegas Scala Dei, también del Grupo Codorníu Raventós, desembarcan en Poblet, para trabajar sus vinos e investigar sobre las viejas técnicas vinícolas de los monjes cistercienses. En variedades blancas se cultivan Macabeo, Parellada y Chardonnay. En tintas, Trepat, Garnacha, Garrut (emparentada con la Monastrell levantina), Ull de Llebre (Tempranillo) y Syrah.

Vinos de Abadía de Poblet

Así la bodega Abadía de Poblet elabora dos vinos jóvenes, Intramur Blanco e Intramur Tinto. El primero un Chardonnay 100% y el tinto, según la vendimia, a partes casi iguales de Ull de Llebre y Syrah.

Pero, como nos cuenta sobre su cata Jaume Pujol, las uvas autóctonas más características, protagonizan los vinos de crianza de la bodega. Abadía de Poblet Blanco 2015, se elabora con Macabeo (80%) y Parellada (20%), uva ésta última que fermenta con los hollejos y permanece un año en depósitos de cemento de 3.300 litros. Amarillo pálido, fruta blanca, buena acidez, fresco.

Abadía de Poblet 2015 es un coupage de Trepat (40%), Garnacha (20%), Garrut (20%) y Ull de Llebre (20%). Cada variedad madura por separado, ensamblándose antes de ser embotellado. Los porcentajes pueden variar dependiendo de las características de cada vendimia. Se cría en roble francés durante 12 meses. Un tanino vivo, con buena acidez, fresco y con fruta madura y pimienta negra, gana bastante con unas horas de aireación.

Viñedos de Abadía Poblet

Probamos después La Font Voltada 2014, un 100% Trepat que se viste con una botella inspirada en las antiguas del monasterio; fermentado con raspones y levaduras naturales en cubas abiertas y depósitos de cemento, pasa luego a de 600 litros, la uva procedente de viña vieja, y de 5000 litros para el vino procedente de uvas de viñedos jóvenes, ambos de roble francés, donde permanece el vino 14 y 12 meses respectivamente. Curiosamente llaman viñas jóvenes a las que tienen una edad media de 70 años, la vieja tiene 100 años. Un vino interesantísimo, con fruta roja y notas lácticas, nítido recuerdo de pimienta negra, muy característico, con una madera muy sutil que le da cierta elegancia. En boca tiene cuerpo y es redondo, con un postgusto un poco tánico aún.

Aprovechamos la visita y las atenciones de Jaume Pujol para probar algunas cosas muy interesantes aún en barrica algunas, como la Trepat 2016, muy vivo y tánico. La Macabeo 2016, con gran potencial, muy aromático, con cuerpo y frescura. Especialmente interesante nos pareció la Trepat 2015, frutas rojas, especias negras, incienso, con un final un tanto amargo que equilibra el conjunto; fresco ligero y elegante, será un gran vino que hablará del terruño.

Siguiendo la carretera bordeada por la vieja muralla medieval, seguimos nuestro camino después de respirar la paz de este sitio, la belleza de su imponente entorno y la personalidad propia de sus vinos.