El Andévalo es una amplia comarca onubense que se sitúa entre la costa atlántica, la Sierra de Aracena y que linda por Occidente con Portugal. Zona minera, con el Condado de Huelva al sur, nos han sorprendido estos vinos procedentes de unas tierras con intensa actividad ganadera, cinegética y con una gastronomía tradicional donde nos acordamos principalmente de un producto tan peculiar como el gurumelo, un hongo autóctono muy apreciado en la cocina tradicional de la zona.

Dios vinos hemos catado de Bodegas delAndévalo, ambos certificados como de cultivo ecológico, vendimiados a mano y embotellados en la Finca el Chaparrito, propiedad de la bodega. En ninguno de los dos aparece añada en la etiqueta, aunque sí el número y fecha del lote que nos puede dar alguna pista de la añada.

Probamos primero el Chanza Roble, un tinto elaborado con las variedades Malbec, Syrah, Graciano y Tempranillo y envejecido entre tres y cuatro meses en barricas de roble. Muy cubierto de capa, un ciruela oscuro de bordes amoratados, en nariz muestra notas de frutos rojos maduros. En boca es poderoso, con buena acidez y notas evidentes de terruño, un punto amargo en final de boca y con algo de tanicidad.

El mayor de la casa, Chanza envejecido, muestra más aún si cabe su carácter muy campestre. Elaborado con uvas de las variedades Malbec, esa uva que tanto nos ofrece en vinos argentinos, y Graciano, se envejece entre diez y doce meses en barricas de roble. Presenta un color granate de bordes rojizos, bonito, limpio y brillante. Como decía al principio de esta nota de cata, nos evoca campo, herbáceos balsámicos, ganado vacuno, notas de estiércol (no es una apreciación negativa), todo ello con un sutil subrayado de la madera. En boca es fresco, balsámico, respira naturalidad y, sin duda, un sabor original y diferente.