Foto cabecera: Finca Garbet

Menos de 2.000 habitantes viven en la localidad de Peralada, en Gerona. Un pueblo de historia milenaria, vinculado desde hace décadas al cultivo de la vid y la elaboración de vinos. El Castillo de Perelada, es símbolo de una tradición que ha marcado los destinos de la comarca desde 500 años antes de nuestra era.

Vinos de Finca

Aclaremos que Peralada es el nombre oficial en catalán de la villa, por eso, y para separar un poco lo que es el nombre del pueblo del de la bodega, esta usa el nombre castellano, Perelada. Pero pueblo y bodega se identifican y, todo, es un paraje de edificios, jardines y antiguas calles que guardan varios tesoros históricos.

Uno de esos tesoros, o un conjunto de ellos, son los edificios que se configuran, con unos bellos jardines uniéndolos, en torno al Castillo, donde, además, se sitúa el casino y un magnífico restaurante galardonado con una estrella Michelin: Castell Peralada, con la cocina del chef Xavier Sacristán y la magnífica labor en sala de Toni Jerez.

Biblioteca de Perelada

Cruzando un bello puente cubierto, llegamos al viejo edificio conventual, donde podemos visitar su bella iglesia, un fantástico claustro, por donde podemos acceder a lugares como su sala con una colección de múltiples objetos antiguos de vidrio y cerámicas, estancias donde se hacían y criaban vinos siglos atrás y una espectacular biblioteca donde está muy presente el recuerdo de Carmen Mateu, creadora, junto a su esposo Arturo Suqué del famoso festival de música que, con repercusión internacional, se celebra cada verano en sus instalaciones.

Centramos nuestra cata de los vinos de Perelada en los tintos de finca, una iniciativa de Javier Suqué en los años 90 del pasado siglo, empeñado en la búsqueda de fincas características en el Alto Ampurdán, que se ha traducido hoy en el cuidado de 6 fincas propias que configuran un total de unas 150 hectáreas de viñedos.

Castillo de Perelada

Fincas donde varietales autóctonos como la Samsó (Cariñena), alternan con otros como la mediterránea Monastrell, la Garnacha o la foránea Syrah. Con suelos que van de la pizarra montañosa de Finca Espolla, pasando por las arcillas en terreno pedregoso de Finca La Garriga, hasta el espectacular viñedo de Finca Garbet, que baja desde una ladera hasta la mismísima orilla del mar, enfrentado a los rigores de la Tramontana, el viento característico de la zona.

Precisamente ya reseñamos cata de Aires de Garbet, un 100% Garnacha con 13 meses de crianza. Fragante y goloso es el Finca Malaveina 2016, un coupage de Merlot, Cabernet Sauvignon, Cabernet Franc y Garnacha.

Restaurante Castell Peralada

Un mundo de vinos creado en 1923 por Miquel Suqué, basado en la tradición y la historia de los monjes carmelitas que elaboraban vinos en la Edad Media para toda la comarca. Pero dejemos que sea el nieto del fundador, Javier Suqué, el que despida este artículo con sus propias palabras: “Cuando mi abuelo, Miguel Mateu Pla, adquirió el Castillo de Perelada, decidió revitalizar la tradición vinícola del Empordà. En Perelada, esta tradición se remonta al siglo XIV, como atestiguan diversos documentos guardados en la biblioteca del Castillo, cuando los frailes carmelitas del Convent del Carme producían vino para abastecer a toda la región. Hoy en día, Perelada se ha consolidado entre las bodegas de mayor calidad, carisma y tradición de nuestro país y ha permitido que el Empordà, la región vinícola más antigua de la Península Ibérica, haya experimentado un espectacular resurgimiento. Mi familia y yo estamos muy orgullosos de los vinos y cavas que presentamos”.