Oscar

La noche mágica de los Oscar es de las pocas ocasiones que van quedando con un poco de glamour en el mundo del cine. En una semana donde a los cinéfilos se nos ha ido Kirk Douglas, quizás una de las últimas estrellas, junto con Olivia de Havilland (103 años, la misma edad a la que ha muerto Espartaco), del gran Hollywood de antes, tiene lugar la tradicional ceremonia de entrega de premios.

Una cerveza del cateto yanqui se cuela Entre copas

El cine clásico ha sido más de tabaco y alcohol “duro” que de vinos, salvo el champán, quizás demasiado esnobs para unos americanos no educados aún en el refinamiento del fruto de la vid hasta no hace tanto. El desarrollo de la industria vinícola patria, principalmente en los valles de California, la influencia de las modas europeas y el tener que sustituir el cigarrillo en la mano por otra cosa con el suficiente encanto y sensualidad, han hecho mucho por el vino en el cine.

En los últimos años no han sido pocas las películas donde, no solo se consume vino (muchísimas), sino que el alegre líquido es protagonista y, sí, todos recordamos Entre copas (Alexander Payne, 2004. Oscar al mejor guión adaptado), donde se hace apostolado de la Pinot Noir y se nos ha quedado en el recuerdo esa escena del protagonista bebiéndose su Cheval Blanc 1961 en un vaso de plástico.

Cine de verano y tinto ¿se puede ser más chic?

Podemos aderezar la noche de los Oscar con algunos de esos vinos que han salido como figurantes en diversas películas, aunque en la mayoría procuran que no se vean las etiquetas, más que nada por aquello de la publicidad gratuita, precisamente no hace mucho intentaba descifrar, sin éxito en esta ocasión, en otras sí, que vino bebían en una cena Arteta y su malograda novia en el Crack Cero (gran película por cierto, con grandes secundarios, olvidada por los Goya), un Rioja sin duda, en 1975 pocos vinos de otras zonas se embotellaban en España. Y ya que hablábamos de la simpática Entre copas y de Pinot Noir, podemos encontrar sin mucha dificultad el Cristom Jessie Vineyard Pinot Noir 2016, no es barato, pero un día al año lo merece.

Pasta y vino (¿Un chianti classico?) en casa de los Corleone

Otros vinos de Oscar pueden servirnos de ejemplo. En otra bonita película, no muy antigua y ambientada en una finca de vinos francesa, un juguetito del gran Ridley Scott de 2006, con Russell Crow y la adorable Marion Cotillard, se nos muestra el rosado provenzal de moda, pálido, ligero y fresco, como el Miraval Rosé 2018, aunque más cercano y de parecido aspecto, incluso en la botella (y mucho más barato) podemos agenciarnos una de Malaje Rosado de la costasoleña Bodegas Malvajío.

Por cierto, un director muy relacionado con el vino y no solo por sus películas, sino por poseer además marca propia, es Francis Ford Coppola, del que por menos de 20 euros podemos degustar su Francis Ford Coppola Diamond

Arteta y El Moro, vinazo de frasca

Zinfandel 2017, tinto de Petite Syrah y la emblemática uva californiana Zinfandel.

Y por supuesto el champán, omnipresente en la gran pantalla, en celebraciones multitudinarias y en momentos íntimos de dos, en bodas y brindis empresariales, en mesas de mafiosos y en la penumbra de una pequeña mesa de restaurante romántico. O en la barra de un bistró de París justo antes de que los alemanes entren en la ciudad, ella de azul, ellos de gris y el champán, G. H. Mumm Cordon Rouge.