La pasada semana se ha celebrado en las instalaciones del ático de la estación de Chamartín de Madrid, el VIII Salón de las Estrellas Guía Peñín. Un salón de vinos donde han acudido casi cien bodegas de toda España para exponer y dar a catar vinos que la influyente guía española ha calificado con tres, cuatro y cinco (máximo galardón) estrellas, pero teniendo en cuenta también su precio.

Animación en las mesas del VIII Salón de las Estrellas

Así el VIII Salón de las Estrellas Guía Peñín, tal como la misma guía lo califica, quiere ser “la cita profesional con los vinos con mejor relación calidad-precio” de España. Todo ello con un carácter profesional que facilite a las bodegas participantes canales de distribución y venta de sus productos, además de darse a conocer a los profesionales de la información especializada.

Realmente el VIII Salón de las Estrellas Guía Peñín nos ha permitido comprobar el gran nivel de elaboración de los

Gran presencia de bodegas gallegas en la muestra

muchísimos vinos del sector intermedio de precios en los vinos españoles. Bien es verdad que muchas de las bodegas presentes no solo han presentado los vinos calificados en la guía con los parámetros exigidos, sino que han aprovechado para dar a catar toda su gama, incluidos los vinos de más alta gama de cada bodega.

El VIII Salón de las Estrellas Guía Peñín nos ha permitido no solo probar vinos que hasta ahora nunca habíamos catado y conocer pequeñas bodegas familiares que lo están haciendo muy bien, sino comprobar la evolución de pequeñas denominaciones menos habituales en bares y restaurantes, como Manchuela, Uclés, Ribera del Júcar, aunque también algunas muy habituales como Rioja, Toro o Ribera de Duero.

Vinos de Bodegas La Divisa de Granada

Como no podía ser de otra manera, hay vinos y bodegas que nos han llamado más la atención. En este sentido, y hablando de clásicos, me gustaría señalar la nueva imagen, por dentro y por fuera, de un clásico riojano como Cerro Añón, con un vinos más fresco y actual dentro de su clasicismo. Sin salir de La Rioja, y dentro de esas pequeñas familiares poco conocidas que hemos indicado, citar por ejemplo la frescura y elegancia de un monovarietal de Garnacha, el Rulei 2014 de Bodega Adrián Moreno Llorente.

El glamour de los cavas Montesquius

Nos reencontramos con buenos vinos navarros, como los de Bodega Marqués de Montecierzo, donde nos sorprendió muy gratamente su Emergente 100% Moscatel de Grano Menudo, muy fresco, con cítricos dulces, conjugando una magnífica acidez con su dulzor.

Otro rasgo a destacar es la progresión de elaboradores que están adhiriéndose a la agricultura orgánica, como el magnífico Laderas del Norte 2017 de Bodegas Arzuaga Navarro (D. O. Ribera del Duero), un 100% Tinta Fina de precioso color con una nariz vegetal, fresco y goloso.

Quinta de la Quietud, buenos vinos de Toro

Realmente algunos de los vinos presentes tenían una verdadera personalidad propia, distintos, como el Sedro Negral, un 100% Garnacha Tintorera (Negral) con 22 meses de roble francés, potente e intenso. Gran presencia de ribeiros y vinos de La Mancha, también de txakolis, vinos vascos que están realizando un enorme esfuerzo de puesta al día y difusión de sus vinos.

Entre los gallegos, algunas peculiaridades como el Val de Souto Mencía (80%) también con los varietales de la zona como la Souson, Brancellao y Caiño, fermentado en tinas de castaño de 3.000 litros. O el Val de Deva Mencía con Caiño 2018, muy peculiar, con notas minerales, goloso. También hubo lugar para espumosos, en este caso con un cava de cuidada presentación y nombre peculiar, Montesquius, vinos de San Sadurní con una característica familiar, frescura y fineza.

Quiero resaltar tres mesas que me ofrecieron gratas sensaciones. La primera la de la bodega granadina La Divisa, vinos orgánicos de uvas cultivadas en altura (Torvizcón), con joyitas como su La Divisa 2018, un Cabernet Franc con 6 meses de roble francés, redondo y goloso en boca. Un 100% Garnacha Tintorera oscuro como la noche, algo tánico aún y licoroso. Con la misma personalidad, pero con más frescura el Cuerda Corta (Tempranillo 70%, Merlot 30%) y con mucha elegancia el Cuerda Suelta (Tempranillo 80%, Garnacha 20%) con 12 meses de roble francés.

Bodegas Álvarez de Toledo

Otra mesa interesante la de Quinta de la Quietud (D. O. Toro) con su Corral de Campanas 2017 Roble, un tinto procedente de uvas de cultivo ecológico, goloso y frutal. Cuerpo y estructura en el Quinta de la Quietud 2015 Reserva, con 24 meses de crianza pero con una madera tan sutil que apenas se nota en su frescura y frutosidad. Fantástico La Mula 2015, otro 100% Tinta de Toro procedente de dos viñedos centenarios, de nariz profunda y muy rico en boca.

Y por fin, un vino que me ha impactado realmente, Álvarez de Toledo Colección de Familia 2015 (D. O. Bierzo), una Mencía de Vinos de Arganza, en Toral de Los Vados (León) de viñedos de entre 60 y 80 años, con 10 meses de crianza, un vino envolvente, redondo y elegante.