Conozco los vinos de Javier San Pedro desde hace unos veinte años y desde el principio me cautivaron. Javier pertenece a una familia de indudable tradición vinícola, su hijo, también Javier, elabora riojas de alto nivel, ya nos hemos hecho eco de algunas de sus elaboraciones en Gastrobaris. También traemos a nuestras páginas de vez en cuando a su hermano Carlos San Pedro y los vinos de Bodegas Pujanza.

Una saga de vinicultores y bodegueros que, cada uno desde su camino personal, están poniendo en el mercado excelentes vinos y gratas novedades como este Vallobera Graciano, un monovarietal de una de esas uvas que tradicionalmente se llamaban “mejorantes” y que, en más o menos pequeñas proporciones, se han mezclado con la Tempranillo en muchos tintos de Rioja.

Una producción limitada a 30.000 botellas de una Graciano que crece en viñedos situados a más de 600 metros de altitud a los pies de la Sierra Cantabria, cerca de la medieval población de Laguardia sede de Bodegas Vallobera, creadas por Javier San Pedro en 1990 junto a su mujer, Ana Ortega. 1992 fue el primer año en que salió a la luz Vallobera Crianza, la etiqueta que ha sido la apuesta que comenzó a darle mayor difusión a la bodega. Aún tengo en la memoria un espectacular Vallobera Cazador 2001.

El viñedo de donde proviene la uva Graciano del vino que nos ocupa hoy, fue plantado hace unos veinte años, sobre suelo ácido calcáreo, se ubica en una pequeña parcela de apenas 6,3 hectáreas, ubicado a 600 metros de altitud, en las estribaciones de la Sierra de Cantabria, uno de los más elevados que se puedan encontrar para esta variedad en España. La idea de lanzar este monovarietal surge durante la campaña 2017 cuando con motivo de las heladas de finales de junio el rendimiento de esta parcela bajó drásticamente. Esta menor carga para la planta provoca una excepcional maduración con granos más pequeños pero de elevada concentración.

Javier San Pedro

Según reconoce el propio Javier San Pedro, propietario de la bodega, “en nuestra zona siempre se ha sido muy escéptico con el comportamiento de la graciano en altitudes elevadas, pero los efectos del cambio climático están propiciando mayor número de horas de sol y de calor, así como un régimen de lluvias inferior, y en esas condiciones, siempre que se mantengan rendimientos bajos, ya sea por causas naturales o pre-vendimiando, la Graciano sorprende muy positivamente”.

La vinificación se inicia en depósitos de acero inoxidable, donde se produce una maceración pre-fermentativa entre 13 y 14 grados durante 3 días con remontados largos. Al cuarto día arranca la fermentación, que se extiende por un periodo de 2 semanas con temperaturas controladas entre 25 y 27 grados, para preservar la franqueza de los aromas primarios y potenciar la expresión varietal. Una vez terminada la fermentación alcohólica, pasa a barricas nuevas de roble francés con tostado plus, donde permanece durante 16 meses, realizando la fermentación maloláctica con sus lías finas, obteniendo así una mayor complejidad olfativa.

Una rara muestra de monovarietal de una uva que, como indicamos, no se suele emplear para ser elaborada en solitario, aunque algún buen ejemplo tengamos en otras bodegas de la Denominación. En breve compartiremos con todos nuestros lectores la cata de este vino y ampliaremos nuestras impresiones sobre esta excepcional elaboración.