Foto principal: Lomo de lubina salvaje en salsa marinera del Restaurante La Moneda (por JC)

Porque en La Maestranza son dos los que suenan, por colleras, anunciando la apertura de la puerta del miedo… y de la gloria, donde se la juegan los sacerdotes del culto ancestral del toro, ante el pueblo soberano. Pueblo que antes del rito, realiza sus libaciones en barras y mesas del entorno, donde abundan los templos y hasta las pequeñas iglesias gastronómicas.

Suprema de merluza en salsa verde (La Moneda)

El barrio del Arenal de barcos a Indias, de patios de Monipodio, del Cachorro ante la Piedad, marinero y taurino, casco antiguo extramuros, por el Postigo del Aceite se entra a Sevilla, enfrente Triana, y allí, en el arrabal, chiquillos que soñaban cruzar el puente de vuelta, a hombros. Habrá ferias taurinas más importantes, una quizás, pero como Sevilla ninguna, en el Real caballistas y enganches, fino y manzanilla en las casetas, trajes de flamenca, miradas furtivas, llega la hora, lo dijo Federico, eran las cinco, las cinco en punto de la tarde.

Alrededor la Maestranza, desde la mañana, se nota el ambiente, todo es diferente, forasteros que deambulan por la zona, corrillos en los bares tradicionales, reventas con un ojo atrás y otro delante, en las puertas de las tabernas huele a Farias y a Atkinson, las calles que rodean la plaza de toros está llena de bares taurinos, unos lo parecen y otros se empapan esos días del ambiente, que no se limita alrededor de la plaza, llega más allá, recordemos aquel Los Tres Reyes en la calle Reyes Católicos, acera de tratos y de tertulias. Y si de añorar se trata, que decir del antiguo El Burladero, el bar restaurante del hotel Colón, morada durante la feria de grandes toreros, mesas de cocina sevillana y servicio del que ya casi no queda. En la misma calle Canalejas el Donald, cuyo nombre no hace justicia a la torería de su ambiente y a la tradicional lista de tapas de su pizarra, como su famosa ensaladilla, uno de los bares típicos sevillanos donde todavía se pueden probar unos ricos riñones al Jerez.

Chacinas y queso zamorano en Abacería Buentrago

Más lejos, entra la plaza y la estación de trenes de Córdoba, que ya ni es estación ni tiene trenes. Las Piletas, calle Marqués de Paradas, cabezas de toros por las paredes, carteles taurinos, viejas fotos, hierros y divisas, un clásico con recetas tradicionales de la tierra, donde no falta la cola de toro, entre chacinas y jamones de la Sierra de Huelva, pescados frescos y guisos como las habitas con jamón o el menudo. También en el barrio, otro bar de ambiente taurino, más reciente pero con todo el sabor, el Manijero, calle Albuera, con sus papas con chocos o sus pescados fritos, sus cosas traídas de Huelva.

Pero la nómina es extensa, y nos vamos acercando a la plaza, en Reyes Católicos, El Cairo y el Asador Salas son los restaurantes de referencia de antes de la corrida. Caminamos hacia el corazón del barrio taurino, El Arenal, y de una punta a otra, en sus calles, Arfe, Adriano, Antonia Díaz, López de Arenas, buenos bares de ambiente del toro, para una cervecita con tapa, para un buen vino con unas raciones compartidas o para sentarse a mesa y mantel y disfrutar de una carta de

Huevos de choco en Papirusa

categoría. Frente a la misma puerta del Baratillo, la histórica Bodeguita San José, no hay unos montañeses más integrados en Sevilla que Fermín y su familia. La Bodega Nuestra Señora de los Reyes, buena cerveza, donde eran habituales uno huevos rellenos, alcachofas de lata, puritos Reig y el urinario, de esos menores que una cabina de teléfono, si es que alguien se acuerda de lo que eran. En la esquina de Arfe el bar Arenal, el Ventura para la gente del barrio, lo mínimo que se despacha en bar y la máximo en sitio para disfrutar de la vida y mirarla pasar sin prisas, enfrente el Mesón 5 Jotas, lo máximo en pata negra, en la otra esquina, ay dolor, la ausencia del bar Los Príncipes, con sus espinacas, sus chocos y sus boquerones adobados, hoy sitio de gin tonics en copa balón y cuarentones en permanente celo. Volvemos a Adriano para tapear más contundentemente, el bar Taquilla, frente a la de la plaza, al lado, el Pepe Hillo, el nombre lo dice todo. Y el que quiera verdadero fast food a la española, El Serranito, tapas grandes y buenos precios, debajo de su colección de cabezas de toros.

La buena cerveza en Bodeguita Virgen de los Reyes

Y con buenas barras y mejores mesas, tenemos también una buena nómina de bares restaurantes, entre los que se encuentran algunos de los mejores y más clásicos de la ciudad. Junto al Arco del Postigo La Moneda, referente de la alta hostelería sevillana, donde los hermanos Inchausti hacen maravillas marineras. Por los mismos pagos La Isla y El Cabildo. Un clásico junto a la misma puerta de cuadrillas de la plaza de toros, Puerta Grande, nº 33 de Antonia Díaz, calle donde también hay otro templo del tapeo sevillano, la Bodega Antonio Romero, donde te puedes comer un jamón de pata negra o unos langostinos de Sanlúcar con un fino de Jerez o con un Champán francés, que el buen gusto no está reñido con la variedad.

Echamos de menos a Horacio, un profesional que recorrió media España antes de anclar en el barrio marinero, allí comían en Feria grupos de aficionados franceses, mexicanos y hasta chinos, que lo del toro es internacional y peregrinar a Sevilla en Feria obligación de todo fiel que se precie. En su sitio, los amigos Rocío y Diego han abierto Papirusa, una puesta al día de tapas tradicionales con calidad. En los últimos meses han abierto otros locales en el barrio que respiran tradición y buena mesa, de Los Bermejales se vino a Adriano Bajo de Guía, con toda la mar detrás. En la acera de enfrente, la torería aflamencada de Jaime Alpresa y la simpática abacería Buentrago. Total, para dar y tomar, sobre todo tomar.