sangría

Fuente: Fotografía de Anna Teres

Sangría, ¿Cuántos pecados se cometen en tu nombre? Podemos considerar la sangría como nuestro castizo cup, o sea, bebida preparada en un bol o recipiente de gran tamaño, con licores dulces y frutas de temporada, azúcar y completado con vino, en la coctelería tradicional se emplea normalmente un espumoso blanco, en España lo hacemos con tinto.

La sangría quizás sea, junto con el arroz en paella, una de las señas más identificadoras de la cocina popular española por el mundo, y, como con el famoso plato levantino, probablemente con quien más tropelías se cometen.

Chiringuitos playeros, bares de zonas turísticas, hoteles de medio pelo, suelen perpetrar los más graves crímenes sobre estos dos emblemáticos productos de nuestra tradición gastronómica. Jarras de tinto malo con gaseosa y alguna fruta flotante cuando no, en los últimos años, productos ya preparados de dudosa procedencia en su composición.

De tales desaguisados no se libran los lineales de los supermercados, donde han aparecido diversas marcas de supuestas sangrías que no dejan de ser, en la mayoría de los casos, malos “tintos de verano” edulcorados y con alguna esencia frutal.

Pero a pesar de todo ello, la sangría, por muy devaluada que la consideremos, no deja de ser un combinado refrescante, sabroso, que engancha al beberla fría y, bien preparada, un acompañamiento ideal para los días cálidos del verano. Pero ¿Cuál es su receta ideal? Pues en esto, como en tantas formulas de la cocina tradicional, cada maestrillo tiene su librillo. Yo voy a proponer dos y, por no señalar a nadie ajeno, daré la receta que me proporciona nuestro compañero Manolo Manosalbas y la que yo mismo preparo en receta heredada por vía materna.

Según Manosalbas la receta “canónica” lleva tinto y zumo de naranja y melocotón, ginebra y trozos de fruta del tiempo, además de unas varas de canela y, por supuesto, azúcar. Las proporciones un poco a gusto del consumidor.

Mi receta quizás sea más dulzona si cabe. Prefiero el tinto manchego, que contrarresta el dulzor frutal. Refresco de naranja y algo menos de limón. Esencia de jugo de melocotón y, ojo, ron blanco y un poco de ponche (el Caballero o el Soto de toda la vida con su botella plateada), por supuesto una base generosa de azúcar, unos clavos de especia y unas cañitas de canela y melocotón y plátano troceado. Acabo de desvelarle un secreto de familia, háganse cargo.

Prepárenla con generosidad, recuerdo incluso sangrías en cubos o una memorable un día de San Antonio en una fiesta de azotea, es lo que le pega, servida en medias sandías vacías. No olviden el hielo.