Han sido más de cuarenta y cinco años de ser uno de los emblemas de la alta gastronomía sevillana, un referente, y en este caso se justifican las frases tópicas, de la hostelería de nuestra ciudad. Uno de esos sitios de mesa y mantel que buscaban los visitantes de alto nivel para probar nuestras recetas más tradicionales. Enrique Becerra, estirpe de taberneros (como él siempre se ha llamado), símbolo de Sevilla.

Enrique Becerra

Conozco a Enrique hace muchos años, creo que nos une cierta complicidad en cuanto a nuestras afinidades en cuanto a gusto por la literatura y por la buena mesa, recuerdo que conocí por él algunos libros tan imprescindibles como La bodega entrañable o Historia de una Finca, de los hermanos De las Cuevas. Generoso colaborador siempre, le ofrecí y aceptó de buen grado escribir una colaboración mensual en la revista Tapas y Viajes que creé en el antiguo El Correo de Andalucía.

Fue el Restaurante Enrique Becerra una de mis primeras experiencias en un local de cierto nivel, muy joven, apenas había empezado a trabajar, primeras citas de adulto, un poco cortado por el ambiente de un restaurante de esa categoría. Después he ido mucha veces, quizás no con la frecuencia que me hubiese gustado, pero hay que repartirse entre muchos cuando las obligaciones profesionales te obligan a conocerlo todo.

Alboronía con piñones

También Manolo Manosalbas, con cuyas magníficas fotografías ilustramos este artículo, ha colaborado en diversas ocasiones con Enrique Becerra, como en ese imprescindible libro para los amantes de nuestra gastronomía, cual es Recetas con historia, donde Enrique recuperó la Alboronía con piñones que muestra la foto. Una labor encomiable la de, no solo elaborar cocina tradicional, sino también recuperar recetas antiguas, de nuestra historia, buceando en viejos recetarios, haciendo verdadera «arqueología gastronómica».

Esa admiración a Enrique y su manera de entender la hostelería sevillana, el respeto por su historia y significado, me hicieron incluirlo, como un pequeño homenaje personal, en las primeras páginas de mi novela La playa de los alemanes. También allí organicé una cata de vinos internacionales, en un memorable almuerzo con los amigos del grupo de cata Apolo y Baco, con motivo del aniversario del viaje de Magallanes y Elcano el pasado otoño. Enrique fue protagonista del primer programa de radio de La Factoría Fenicia, sincero, sin pelos en la lengua, hablamos de lo divino y lo humano del sector.

Edificio del Restaurante Enrique Becerra

No voy ahora a extenderme en lo que han sido sus platos emblemáticos, su servicio de la vieja escuela, sus vinos. Pero es ineludible dar unas pinceladas de quien inventó por ejemplo la Carrillada de puerco Alatriste, en honor de uno del famoso personaje creado por el escritor Arturo Pérez Reverte, uno de sus visitantes ilustres habituales cuando viene a la ciudad. O su Lomo de ciervo, el Bacalao gratinado con salsa de espárragos verdes, Calamares rellenos a la antigua o el Pez espada al Amontillado de Jerez, por cierto, recordar su impresionante carta de vinos generosos andaluces, seguramente la más completa de la ciudad en un restaurante, además de muchos otros vinos de grandes denominaciones.

Celebramos mi primera comunión en lo que hoy es Becerrita, el también gran restaurante de Jesús Mari Becerra, hermano de Enrique, al lado estaba el bar de su padre, local de tapas junto a la iglesia de los Negritos, sede de una de las tertulias más divertidas de Sevilla, donde oficiaba el gran Paco Gandía. Los Becerra, una historia viva de los bares y restaurantes de nuestra ciudad.

Rincones llenos de historia de nuestra hostelería

Estoy seguro que Restaurante Enrique Becerra cierra sus puertas, para el merecido descanso de su “comandante”, pero que volverá a abrir con otro concepto, con otro proyecto, para que podamos seguir disfrutando de ese lugar señalado de la calle Gamazo, en el corazón de la ciudad.

Mientras tanto, muchas gracias a Enrique y a todo su equipo por mantener durante tantos años levantado el pabellón de lo mejor de nuestra gastronomía, y te animamos a que tu primer libro en esta nueva etapa que comienzas, o uno de ellos, sea la historia de las historias que atesoras en los rincones de tu restaurante y de tu memoria, anécdotas y personajes, lo que se pueda contar y un poquito de lo que no.