A los familiarizados con el mundo del vino les sonará la terrible plaga de filoxera, ese bichito voraz, que asoló el viñedo europeo a finales del siglo XIX. Hay otras plagas, todas enviadas por la Madre Naturaleza, que el hombre ha combatido tradicionalmente para salvar sus cosechas. La nueva plaga que se cierne sobre las vides, especialmente andaluzas, se llama “afán recaudatorio” y será enviada, no por la Naturaleza, sino por el Gobierno mismo de España con el brazo ejecutor de su ángel de la muerte, Cristóbal Montoro, y la complicidad de doña Susana y sus compañeros de partido.

Bodega de Jerez

Sigo actualmente la televisiva serie británica The Crown por el canal Netflix, y causa sonrojo compararla con engendros como el pastiche de guardarropía con guion tipo Corín Tellado “Lo que escondían sus ojos”, basada en la novela homónima de la súper cursi Nieves Herrero. Por algo los ingleses han conservado su Imperio hasta ayer por la mañana (¡Gibraltar español!) y el hispano fue diluyéndose como un azucarillo desde que en Rocroi (1643) pereciera Viggo Mortensen junto a sus camaradas del Tercio Viejo de Cartagena.

Lo de los ingleses y el imperio viene a cuento de como un pueblo cuida y mima sus tradiciones y protege sus productos en comparación con los habituales inquilinos de la Moncloa y la Carrera de San Jerónimo.

Rajoy, tras el culebrón electoral repetido del último año, se ha venido arriba y ha soltado a los perros. Canis Lupus Recaudatoris. Lobos hambrientos que hacen presa en el magro costado de la vapuleada clase media, sí, esa que obró el “milagro español” de los sesenta. Esos lobos igual se meriendan al libro y la cultura, al arte, que a uno de nuestros patrimonios más universales, los vinos generosos. Precisamente fueron los ingleses los que, desde el mismo siglo XVIII, abanderaron el mito y la fama mundial de los grandiosos vinos de Jerez.

Pero el politiquillo de mente funcionarial, cuadrada y de piñón fijo, solo tiene en cuenta, capitalismo liberal trufado de social democracia, la economía, la suya claro. Por eso se han inventado lo que se llama Impuesto Especial sobre Productos Intermedios, tasas que parecen especialmente diseñadas para perjudicar al sector del vino andaluz.

El Impuesto Especial sobre Productos Intermedios, es impuesto indirecto que recae sobre el consumo de los citados productos, gravando, en fase única, la fabricación e importación de los productos intermedios. Es un impuesto especial de fabricación que grava a los vinos que añaden entre 1,2% de su volumen de alcohol, hasta el 22% vol.

Productos intermedios son las bebidas alcohólicas en las que parte o todo el alcohol contenido en ellas no ha sido obtenido por ningún proceso de fermentación, o sea, por ejemplo aquellos vinos a los que tras la fermentación alcohólica natural se les ha fortificado con alcohol vínico, tal como es el caso de nuestros vinos generosos. Así los vinos del Marco de Jerez, de la provincia de Sevilla (Aljarafe, Bajo Guadalquivir), del Condado de Huelva, de Málaga, algunos de Montilla – Moriles y otros más, se verán gravados por un impuesto extraordinario que los segrega de los demás vinos y perjudica su ya de por sí, maltrecha comercialización.

La Federación de Bodegas de Marco de Jerez (Fedejerez) y la Asociación Española de Elaboradores y Distribuidores de Vermouth, Bitter-Soda y aperitivos (ANEV), ambos socios de la Federación Española del Vino (FEV), han criticado una medida que consideran “inoportuna e injusta” y que además es “incongruente” con la estrategia manifestada por el Gobierno de aumentar la recaudación sin tocar los impuestos.

En un momento en que los vinos generosos andaluces estaban empezando a recuperarse tras décadas de negros nubarrones, el Gobierno del PP de Mariano Rajoy, en el marco de una subida general de impuestos pactada con el PSOE, perjudica claramente al sector del vino andaluz sin tener en cuenta las especiales características de este importante sector económico español y la grandeza de los mejores vinos del mundo.