Almendralejo, “Ciudad del Cava”, sorprendente, pero es el lema que en este pueblo de Badajoz (Extremadura) campea en letras de acero en sus rotondas. El Ministerio de Agricultura acaba de desestimar la protesta del Consejo Regulador de la D. O. Cava, integrado por bodegueros catalanes, y los 27 pueblos de toda España que, fuera de Cataluña, elaboran espumosos bajo la denominación Cava, podrán seguir haciéndolo.

En esta “guerra del Cava” creo que nadie gana, parece que lo hacen los viticultores extremeños que, bajo el paraguas D. O. Cava, quieren convertir sus 500 hectáreas de viñedos destinados a uvas para espumosos en, de momento, 900, de las 32.000 Ha de viñedos para Cava en toda la D. O., donde más del 90% del vino se fabrica en Cataluña.

Personalmente pienso que un vino debe de ser el reflejo de una comarca concreta, de unos terruños identificados por suelos y climas, geográficamente homogéneos. Los vinos genéricos, sin personalidad de procedencia, me suenan a esos camareros que todavía ofrecen “un riojita de La Mancha” o a esos vinos australes de supermercado que imitan cualquier tipo de vino famoso del “Viejo Mundo”. Por cierto, que uno de los problemas del Cava es el mismo que tiene la Rioja, amparar bajo su denominación a vinos que, pueden cumplir las normas actuales de sus denominaciones de origen, pero con un listón tan bajo de calidad, que arrastran el prestigio de las mismas a fin de conseguir ventas millonarias tirando calidad y precios.

Y en lo anterior creo que está el gran error de los cavistas catalanes, que han permitido un nivel de calidad tan bajo en algunos de sus productos, que se quedan sin argumentos ante las demandas de los bodegueros de otras regiones. No es de extrañar por tanto, proyectos como el que el pasado mes de Diciembre nos contaba Manuel Raventós en su Bodega Raventós i Blanc del Penedés, de promover una pequeña D. O. en su zona a la que se adhieran bodegas que sepan guardar la esencia y el respeto al cava de calidad de la zona, con identidad propia.

El problema del Cava, nos lo decía también Manuel Raventós, es que es una denominación, la única de las casi setenta que hay en España, que no se refiere a una región de producción, sino a un sistema de elaboración, en concreto, el método tradicional o champanoise, importado por cierto de la famosa, por sus espumosos, región francesa de Champaña.

Pero a pesar de que los bodegueros extremeños piensen, desde que Marcelino Díaz iniciara en 1983 la producción de Cava en aquellas tierras, que les beneficia ampararse bajo dicha denominación, opino personalmente que es una visión cortoplacista y algo cobarde, ya que no se atreve a apostar por una apelación propia para los espumosos elaborados en las tierras extremeñas. Además, creo que a ojos de la mayoría, la legitima ambición de prosperar y dar trabajo a gente en sus pueblos, se ve desde fuera como un intento de aprovecharse de la máquina catalana que tira del tren del Cava y, además, de pescar en el río revuelto de cierto anticatalanismo generado a raíz del proceso separatista y que se ha visualizado, lamentablemente con especial saña, en varias campañas de boicot al Cava del Penedés, protagonizadas especialmente en vísperas navideñas.

Por tanto, a mi modesto entender, y con una quizás excesiva visión romántica y utópica que me caracteriza en tantas cosas de la vida, creo que el mejor arreglo sería reservar la D. O. a Cava del Penedés y que en los demás zonas de España donde se elabora este tipo de espumosos, buscaran sus propios caminos y denominaciones. Todo ello, además, promoviendo en el Penedés una profunda reconversión de la D. O. que eleve las exigencias de crianza y elaboración, buscando la excelencia y la identidad autóctona, para que Cava signifique en el mundo vino espumoso de tan alta calidad como Champagne. Hay quien los está haciendo.