higos

Muhya Bent al-Tayyani era una joven de la Córdoba califal, hija de un vendedor de higos y vendedora ella también del sensual fruto en la medina de la capital andalusí. La joven frutera fue acogida por la princesa Omeya, Wallada ibn al-Mustakfi, hija del penúltimo rey de la, en otro tiempo reciente, floreciente dinastía. La vendedora de higos se convirtió en poeta de versos frescos, como los higos que antes vendía.

Bodegón con higos del pintor Luis Meléndez

Saltando de la Córdoba califal al territorio palestino del siglo XX, nos encontramos con los versos del poeta Mahmud Darwish, uno de los más célebres poetas árabes contemporáneos. Este es un fragmento de un poema suyo titulado No deseo del amor sino el comienzo:

No deseo del amor sino el comienzo. Sobre las plazas/de mi Granada las palomas remiendan el vestido de este día./En las jarras hay vino abundante para la fiesta que nos sucederá,/en las canciones hay ventanas suficientes para que eclosionen las flores de granado./Dejo el jazmín en su maceta y mi pequeño corazón/en la alacena de mi madre. Dejo mi sueño riendo en el agua/y al alba en la miel de los higos. Dejo mi hoy y mi ayer/en el pasaje hacia la plaza de la naranja donde vuelan las palomas.

La higuera, reinante en derribos y solares de la Sevilla de mi niñez, sombra buscada de donde cuelga la dulce fruta, verde primero, morada en sazón, quizás la más sensual de todas, que llegó al Mediterráneo, probablemente desde el Asia Occidental (como tantas cosas) hace más de 9.000 años.

Higos. Fotografía de Manolo Manosalbas

Con más de 750 especies, algunas no comestibles, entre nosotros se aprecian sus frutos por dos veces al año. Las brevas (más grande y menos dulce, son higos que no han llegado a madurar en Otoño) en Junio y los higos entre Agosto y primeros de Septiembre.

El higo se abre en una carne blanda y húmeda, rojiza, de sabor dulce, que puede acompañar platos de carne roja y de caza, por contraste, que es sublime con algunos tipos de quesos o que se disfruta como postre. Con los frutos pasificados (secos) se elabora el celebrado pan de higo y, junto con dátiles y uvas pasas, son componente del viejo recetario mudéjar. Encontrar su maduro recuerdo en un vino dulce de Jerez es aspirar los aromas de nuestra historia más placentera.