Ha aparecido la noticia en los medios de comunicación, de un restaurante londinense que va a cobrar los platos vacíos a los comensales que compartan una ración, así dicho parece raro, pero me explicaré lo de cobrar a cada uno por los platos a compartir, ya verán como tiene su lógica.

Resulta que en dicho establecimiento quieren cobrar un suplemento (entre 1,5 y 2 euros al cambio) el servicio de cada comensal cuando se pide un plato para compartir entre todos. En principio nada nuevo, muchos bares y, sobre todo, restaurantes, tienen la costumbre de cobrar una pequeña cantidad en concepto de “cubierto” o pan o ambos, cosa por cierto que irrita a más de uno, comparto en parte dicha opinión “irritada” ya que preferiría que prorratearan ese plus en los precios de los platos.

Dicho todo lo cual puntualicemos algunas cosas, ojo, que yo me voy a basar en mi experiencia en la hostelería sevillana, que es la que mejor conozco. De toda la vida han existido las raciones, o sea, que en un bar de tapas, cada cual podía pedir la suya, una pequeña porción de lo que sea, o, si se ponen de acuerdo en el grupo, pedir una ración, o sea, un plato más grande de lo mismo que todos o algunos quieran probar. Obviamente a muchos eso de que todos metan la cuchara o el tenedor en el mismo plato les parece, con razón digo yo, cuando menos algo guarrillo, por lo tanto el camarero debe suministrar platillos pequeños y una cuchara para apartar a cada cual. Hasta aquí todo normal, parece, lo malo es cuando esa ración no es tal, sino más bien una tapa grande y de precio relativamente elevado.

Tapa de menudo ¿O ración?

Creo que este “problema” viene dado por la invención en tiempos de crisis de eso que algunos llaman gastrobar, otros restaurantes de tapas y otros con más “guasa”, simplemente bares de tapas “modernitos”. El caso es que en estos establecimientos (palabro que no gusta nada al maestro Huidobro) se ha impuesto la tapa de, a priori, buena materia prima elaborada con criterios de cocina creativa y, por decirlo para entendernos, como de alta gastronomía en miniatura (claro que luego todo el monte no es orégano). Como esas, digamos tapa/platos, han elevado (cada vez más) los precios y la gente lo quiere probar todo, llega un grupo de cuatro o seis personas y, es un poner, piden tres para compartir. Obviamente son tres tapa/plato que requieren cuatro o seis servicios (plato, tenedor, cuchillo, pan, servilleta, etc.) Quizás cobrar una pequeña cantidad por ello tampoco sea descabellado, cada cual opine, pero yo creo que la cuestión de fondo es lo importante.

“Nuevas” tapas

¿Qué cuál es esa cuestión de fondo? Pues el concepto mismo de estos nuevos bares. Antes, en un bar de tapas, y usemos la moneda y los precios actuales, podías probar varias tapas de la pizarra pongamos que por 1,5 a 2,5 euros cada una, proponiéndote a veces una ración por 5 euros que quizás fuesen unas tres tapas, con lo cual el hostelero saca más material y el cliente paga bastante menos. Ahora, en estos nuevos bares de tapas, la pizarra se ha puesto entre los 4,5 y los 7,5 euros, cuando no más aún, llegando a rozar ya en muchas ocasiones los precios de un plato de carta de un restaurante tradicional de nivelito. Obviamente, o te comes una o dos como mucho, o se comparte. ¿Las tapas de este tipo son mayores que las antiguas? ¿Son mejores? Pues a veces sí y a veces no (que diría Julio) porque claro, al final pasa como con todo lo que se pone de moda, que surgen “gastrobares” por todas partes y todos no son lo que parecen, ya me entienden.

Reflexión adicional: Ahora que está tan de moda eso de alardear de producto en las redes sociales, no hay minuto donde no aparezca una foto de un cocinero sosteniendo una corvina de metro y medio, un carabinero que juega en la NBA o un costillar de brontosaurio. Da grima luego ver en los platos un dadito del producto rodeado de tantas florituras que distraen y alteran, con lo bien que me sentaría un buen lomo de esa lubina salvaje que me acaban de enseñar para que luego me llegue un trocito huérfano y perdido en medio de un plato como el sombrero de un mexicano. Qué antiguo me estoy quedando.