Qué duda cabe que Pago de Carraovejas se ha convertido en uno de los vinos tintos más conocidos de la D. O. Ribera de Duero, y esa es una de sus virtudes principales, siendo un buen vino, que sin duda lo es, una serie de circunstancias han logrado convertirlo en un producto con una astuta mercadotecnia.

José María Ruiz quiso crear un vino propio para consumir en su restaurante de Segovia. Ruiz, antes de emprender la aventura de su propio restaurante, fue sumiller del famoso Mesón de Cándido con tan solo 18 años, hablamos de los años sesenta del pasado siglo. En 1973 fue representante de los sumilleres españoles en el I Concurso Mundial de Sumilleres que se celebró en Milán, donde consiguió un meritorio quinto puesto. Tras inaugurar su restaurante en 1982, emprendió junto a una serie de socios la crianza y elaboración de vinos en las laderas de Carraovejas, muy cerca de Peñafiel.

Los primeros Pago de Carraovejas se hicieron bajo la buena mano del enólogo Tomás Postigo, quien años después, salió de la bodega alegando que había perdido su personalidad fundacional, se refería Tomás al afán de duplicar la producción, lo que llevó a unos criterios de selección de uvas y elaboración que él ya no compartía, fundando su propia bodega, llamada, como él Tomás Postigo, elaborando unos magníficos vinos que hasta ahora, ciertamente, no han tenido la repercusión en el mercado que se merecen.

Anécdotas como haber sido elogiado por el famoso cantante Julio Iglesias y el haber sabido apostar por una política de jugar en el mercado a los cupos limitados por la alta demanda, han encumbrado a este vino a la posición de la que goza actualmente. Con todo ello me parece un vino que milita en la liga de otros crianzas ribereños de muy buen nivel y un precio que, a pesar de que en partida es similar, en el caso de Pago de Carraovejas se sobreeleva en el mercado final a un precio quizás que se debe más a su demanda que a su valor como vino en sí, lo cual, por otro lado, es algo habitual en este mercado, ya que el valor del producto es, al final, la política que el productor decide.

Pero entremos por fin en la cata de este Pago de Carraovejas 2018, un tinto donde, como por ejemplo también lo hace el famoso y pionero Vega Sicilia, emplea porcentajes de Merlot (3% en este caso) y Cabernet Sauvignon (4%) para ensamblar con la variedad principal, Tinto Fino (93%). Crianza de 12 meses en barricas de robles franceses y americanos, pasando otros 12 meses en botelleros antes de su comercialización.

Viñedos de Carraovejas

Un bonito y brillante color rubí intenso de reflejos rojizos. En nariz destaca la madera con notas de fruta madura y notas balsámicas y florales. Fácil de beber para el aficionado clásico que gusta de su envoltura láctica, frutas rojas y negras maduras con las notas torrefactas de la madera. Vainilla, cuero, fruta madura con notas lácticas… clasicismo, potente sin estar carente de elegancia, aunque bastante tánico aún en el paladar, debe pulirse todavía unos años.

Hay bastantes vinos en la D. O. Ribera de Duero de este nivel que están más ajustados de precio.