No lo van a poder catar la mayoría, ni siquiera la minoría, solo algunos pocos privilegiados podrán probar uno de esos vinos estratosféricos, uno de esos generosos del Marco de Jerez, estamos en Sanlúcar de Barrameda, que, lo hemos repetido hasta la saciedad, si fuesen franceses costarían cientos de euros.

El vino reposa y se hace grande en las andanas

Francisco Yuste adquirió Bodegas Herederos de Argüeso, fundada en la primera mitad del siglo XIX por León de Argüeso y Argüeso, en 2016. Junto con partidas provenientes de la antigua bodega Pedro Romero y los vinos propios de Yuste, han formado una de las bodegas más potentes en cuanto a calidad y variedad de vinos que hoy día hay en la gaditana localidad costera de Sanlúcar de Barrameda.

Los aires de Poniente de la cercana Bajo de Guía entran por los ventanales y por los almizcates para refrescar, en la penumbra de las andanas, las botas de los vinos. La Manzanilla es la reina, pero los vinos generosos gaditanos no dejan de sorprendernos cada vez que nos acercamos a ellos, probamos un increíble oloroso que ha desarrollado velo de flor, misterios de las bodegas y del microclima sanluqueño.

Sacristía del antiguo convento de Santo Domingo

La bodega ocupa parte del antiguo convento de Santo Domingo, restos del mismo se aprecian en el artesonado policromado de lo que hoy es tienda, del siglo XVI, y en el casco de bodega que ocupa la antigua sacristía del convento, donde hoy reposan los dorados vinos acunados por el canto gregoriano, entre el retablo que preside la estancia y la decoración temática de los bellos cuadros de la pintora Lola Montero.

Gabriel A. Raya, luego su padre, también Gabriel, que nos ilustró en mil y una anécdotas del mundo del Jerez, y la enóloga Carmen de la Pascua, nos condujeron a través de la cata de diversas botas, a través de la diversidad y el disfrute sensorial que es una bodega de estas características. Toneles que reposan sobre piedras ostioneras custodiando el milagro del velo flor, esas levaduras que imprimen su personalidad propia a las manzanillas sanluqueñas.

La caña mima el velo flor para ofrecernos una degustación «en rama» de verdad

Comenzamos por diversas botas de Manzanilla La E, para corroborar que cada andana es un mundo. Así fuimos de una copa potente y terriza, pasamos en otra por matices más salinos y punzantes, para probar una bota más elegante y untuosa, todo ello se homogeneiza a la hora del embotellado para ofrecer una de las manzanillas más relevantes del mercado para el copeo de barra.

Una de las aportaciones de Yuste a Bodegas Argüeso ha sido revitalizar una marca emblemática como Manzanilla San León, sin duda una de las más prestigiosas, para rejuvenecerla con un carácter más fresco y asequible al gran público sin perder la personalidad de una manzanilla aromática, elegante y con cuerpo.

Pero si hablamos de aroma hay que pararse en Manzanilla Aurora, elaborada en la bodega del Barrio Alto de Yuste, procedente de andanas de Pedro Romero. Junto a ella, y

Arte en el lienzo y en la copa

permítanme el casticismo, un “pedazo” de Manzanilla, La Kika, con un color dorado ámbar, tremendamente aromática, untuosa y redonda en boca y una puntita final de abocamiento que la hacen, dentro de su personalidad, muy amable de beber.

El olfato nos conduce a la Bodega San Juan, un casco de 1885 donde reposan los toneles más selectos de la bodega. Unos vinos que no se comercializaban hasta hace unos años, de ahí su apelativo de Reserva de la Familia. Partiendo de una San León con más de 10 años de vejez media, se elabora una Manzanilla Pasada de brillantes tonos dorados, densa, elegante, salina, con notas de camomila y almendras, muy seca y punzante, vertical. Una maravilla.

Bodegas Herederos de Argüeso y Bodegas Yuste nos ofrecen más joyas del mundo de los generosos del Jerez y algún que otro espirituoso que sorprenderán a más de uno, pero quedémonos hoy con sus manzanillas, ya habrá tiempo para más.