“I feel like we’re in a Noel Coward play. Someone should be making martinis” (Esto parece una comedia de Noël Coward. Alguien debería estar haciendo martinis), dice Isaac Davis, el personaje de Woody Allen en un momento dado de Manhattan. Y es que sí, el Dry Martini es el cóctel de la alta comedia norteamericana, el rey de los aperitivos, que se mezcla en grandes jarras para irse sirviendo a discreción.

James Bond y su Dry Martini de vodka

Pero no solo de las comedias, dramas, aventuras… ¿alguien no recuerda el cóctel favorito de James Bond?: “un vodka con Martini Seco (Dry), mezclado no agitado”. Lo que 007 propone es una de las numerosas variantes del cóctel de Martini, en este caso sustituyendo la ginebra por vodka y revolviendo la mezcla en vaso en vez de darle ritmo a la coctelera, pero resulta que esto se debe a una errónea traducción española, ya que en las primeras películas si se oye la frase exacta: “agitado, no mezclado”. Porque efectivamente, lo usual en el cóctel Martini es elaborarlo en vaso mezclador.

En contra de lo que podría pensar cualquiera, no debe su denominación a la famosa marca italiana de vermuts, aunque le ha hecho un gran favor la coincidencia de nombre. El origen del nombre Martini Cóctel se debe en realidad al apellido de su creador, y aquí viene el problema ¿quién fue? Unos dicen que un camarero italiano, apellidado Martini, emigrante en los Estados Unidos, que lo inventó allá por 1910 en el Kwickerbocker Hotel de Nueva York; otros apuestan por un tal señor Martínez, mexicano, situándolo tanto en Boston como en Nueva Orleans.

Como quiera que sea el Dry Martini es el rey de los cócteles, así que vayamos con su fórmula original, y luego

Joan Crawford y su estilo para fumar y beber

hagan todos los cambios que quieran: En vaso mezclador con cubos de hielo mezclar rápida y delicadamente con el agitador, ocho partes de ginebra y dos partes de vermut seco, verter con el colador en la copa de cóctel. Y ahora otra polémica, ¿adornar con aceituna, twist de limón o una fresita? Yo me quedo con la aceituna pinchadita en un palillo, la sal potencia el sabor del cóctel, aunque hay quien dice que la oliva enmascara el sabor.

Otra de las variantes habituales es la proporción de los ingredientes, se atribuye a Churchill la frase de que al cóctel Martini solo hay que enseñarle la botella de vermut (Hitler le llamaba el “viejo borracho”, el nazi era abstemio). Garci, en su magnífico libro Beber de cine, nos habla del Dry Martini “perfecto” que preparaba el también director de cine Luis Buñuel: “metía en la heladera las copas de cóctel (las triangulares de pie largo, sí…), el gin, y hasta la coctelera. Termómetro en mano, controlaba que el hielo se mantuviera en veinte grados bajo cero. Al llegar sus amigos ponía un tercio del hielo en la coctelera y vertía seis gotas de Noilly Prat, el mejor vermut seco del mundo, y media cucharadita (de las de café) de angostura. Agitaba la coctelera un minuto, y después tiraba el líquido… pero conservando el hielo, que quedaba perfumado, impregnado por esos ingredientes. Luego, sobre el hielo echaba el gin, movía la coctelera treinta segundos, y servía…»

Lo dicho, cada uno a su gusto, así que practiquen y averigüen cuál es el suyo. Yo, por mi parte, me despido con dos citas, una del gran Groucho Marx: «Después del primer Dry Martini estoy sobre la barra; después del segundo, debajo de la mesa, y después del tercero… ¡sobre la dueña de la casa!» y, para volver al principio, otra, del dramaturgo Noël Coward: “No hay virginidad que resista tres martinis”.