El Barrio Bajo de Sanlúcar de Barrameda (Cádiz) mira al Océano, Bajo de Guía se besa ya prácticamente con la barra del Coto Doñana, en medio, la desembocadura del río Guadalquivir que va abriendo sus aguas al Atlántico.

La calle Trasbolsa, antes de tanta modernidad, era calle de naves y cascos de bodega, en ella está Bodegas Juan Piñero. Un ex constructor que compró la nave que alberga 1.600 botas que eran de Argüeso, donde se criaba Manzanilla La Gitana. Piñero elabora ahora la Manzanilla Maruja, hija de un Fino que provenía de Terry y que ahora es más fresca y salina que su “hermano” de bodega, el Fino Camborio, que gasta la personalidad de los finos de Jerez.

El enólogo, Ramiro Ibáñez, optó en su momento por montar andanas de hasta 6 y 7 criaderas, algo inusual ahora. Se buscan así vinos más profundos, intentando siempre buscar matices diferenciadores entre el fino y la manzanilla. Maruja es también la marca de su Manzanilla Pasada, de la que deriva luego su peculiar Amontillado, que ya tratamos en un artículo anterior.

Manzanilla Maruja, elaborada con el varietal tradicional Palomino Fino que, en este caso, provienen del Pago del Hornillo de Sanlúcar, tierras albarizas. Tiene una crianza media de 8 años, con sacas pequeñas para favorecer la larga vida del velo flor.

En cata presenta un luminoso cuerpo amarillo dorado. Muy seca en nariz, con notas de flor, frutos secos y notas salinas. Persistente en boca, es muy fresca y seca, con notas marinas y minerales (albarizas), persistente, deja un regusto de agradable amargor que equilibra el conjunto.

Complemento ideal de los mariscos de la costa gaditana, pescado frito, tortillitas de camarones, ortiguillas fritas, también es la pareja ideal de aperitivos de frutos secos y aceitunas de mesa, en cuyos profundos aromas se reconocen notas comunes. También es ideal con jamón y otros embutidos del cerdo ibérico, sobre todo la caña de lomo. Un chorrito en el caldo del puchero o en el arroz caldoso a la marinera, obra milagros. Y, cómo no, marida a la perfección con casi todos los palos del flamenco, para acompañar la alegría de unas bulerías o para refrescar la pena de unas soleares.

PVP aprox.: 9,50 €