Entrar en Can Ravell es, para cualquier aficionado al buen vivir, entrar en un pequeño paraíso. Esta casa la fundó Ignaci Ravell en 1929 y, desde entonces, reparte sus buenos productos y su buen servicio a todo aquel que tenga el buen tino de traspasar sus puertas de comercio de toda la vida. Hoy, tras el mostrador está el hijo del fundador, Josep Ravell, un hombre de gran humanidad, en todos los sentidos, que en su sonrisa de buena persona transmite el placer que para él es, seguro, dar felicidad a sus clientes.

Josep Ravell

Josep Ravell

En la calle Aragó del Eixample barcelonés, Mantequería Ravell es una institución desde que abrió sus puertas en aquel lejano 1929. Evolucionando desde la tradicional tienda de ultramarinos, Can Ravell se convirtió, hace más de 50 años, en una meca de productos gourmet, vinos, licores y, además, en un acogedor y escondido restaurante que hay que descubrir detrás de sus bien surtidos anaqueles.

Empresa familiar desde sus inicios, también los compañeros de viaje de Ravell, comparten su afán por el buen producto y el servicio impecable. Entre chacinas, latas, botellas, quesos y productos frescos de primer nivel, se mueve Lucas Díaz Corbalán, que lleva en la casa más de 25 años, lo que dice mucho de como es la filosofía del patrón y la valía del empleado.barna-007

En los fogones, la tradición también manda. El producto cercano, pero también el manjar de otras tierras. La carta de Can Ravell se configura a través de los años de la mano de quien fue el hacedor de platos de toda la vida, Jesús Benavente. Hoy su relevo está en las manos del chef Miquel Basora, formado en la mítica Escuela Hoffman de Barcelona. De sus fogones platos tan propios de Ravell como su cola de vaca al vino tinto, sus pies de cerdo con caracoles, huevos fritos con foie, tortilla escabechada o la sofisticación de un sus huevos fritos con caviar de trufa y panceta confitada, pichón asado con foie y cebolletas al balsámico. La tremenda carga de la tradición local en sus canelones o en su Empedrado de bacalao con judías del “ganxet”.

barna-009Para disfrutar de la cocina de Can Ravell, hemos de cruzar primero el dulce desfiladero de la tienda, mejor si lo hacemos con una cerveza o un vermut de grifo, ambos de marcas locales, y entrar en la “sacristía” de sus dos mesas alargadas, madera y mármol, un lugar para pasar horas disfrutando, rodeados de anaqueles con las mejores etiquetas de vinos, cavas, champán, y cualquier cosa que a uno se le pudiera ocurrir para pasar una sobremesa de gozo gastronómico. Tiene otro salón, para unas 40 personas, en la planta superior.

A Josep Ravell le gusta hablar de su negocio, de la historia y de la familia, o sea, de ese todo que hace de Mantequería Ravell ese oasis en el que uno se quiere refugiar de la realidad de afuera, olvidándose del tiempo y de los problemas, que la vida es corta y los manjares muchos.

Rabo de vaca al vino tinto

Rabo de vaca al vino tinto

Josep Ravell nos da un detalle, un platito de brevas salteadas con marrasquino y canela que deben de ser pecado mortal, sensualidad y delicadeza en la boca. Dulce despedida que se sella con un abrazo y la promesa de una visita a Sevilla. Aquí te esperamos Josep, intentaremos estar a la altura.

Can Ravell
c/ Aragó 313, 08009, Barcelona (España)
93 457 51 14 / 93 457 51 16
direccio@ravell.es