Luna Beberide 2016

El Bierzo ha sido en los últimos años una de las llamadas “zonas emergentes” del vino español. Varias bodegas han llevado sus vinos a prestigiar esta comarca vinícola de la provincia de León y, sin duda, una de ellas es Luna Beberide.

El Camino de Santiago cruza estas tierras, que tiene su centro en poblaciones como Ponferrada y Cacabelos, donde la vieja Castilla camina para unirse con las tierras gallegas. Campos duros, minerales, pizarrosos, donde la uva Mencía marca unos vinos oscuros y potentes que, sin embargo, con calidad de viñedo y mimada elaboración, transmiten el placer del buen trago en la copa.

Calidad y esfuerzo son algunos de los argumentos que esgrime Luna Beberide en estos 20 años que llevan elaborando vinos en esa hoya tectónica con influencias atlánticas que es El Bierzo leonés. Viñedos que crecen en altitudes entre los 600 y 750 metros, en laderas orientadas al sur que gozan de un microclima suave, con gran luminosidad.

Sala de barricas de Luna Beberide

Luna Beberide 2016 Mencía, es un tinto elaborado al 100% con esta uva tinta autóctona que fermenta en depósitos de acero inoxidable, para darnos un color rojo frambuesa limpio y brillante. La fruta es la protagonista en la fase olfativa de la cata, con nítidos recuerdos de fruta roja y notas minerales de la tierra. Un tono dulzón no le resta potencia, unos taninos finos aún vivos. Un tinto diferente, que nos habla de cómo es la uva berziana y de cómo se entiende el vino en Luna Beberide, equilibrando formas tradicionales de cultivo con modernos sistemas de elaboración.

 

Iglesia de Peñalba de Santiago

Merece la pena probar el vino, pero también merece la pena visitar una tierra donde se transmite el sabor de nuestros orígenes, de esa parte donde España estaba en su génesis, donde la naturaleza y la obra del hombre, plasmada en sus villas y castillos, nos ilustran de dónde venimos y cuantas influencias han fraguado el crisol del carácter español, como se manifiesta en las piedras medievales y en los arcos de herradura de Peñalba de Santiago, en un sitio con un nombre tan evocador como el Valle del Silencio.