Antonio Flores

Un privilegio fue estar presente en la cata que, con unas joyas vinícolas de Bodegas González Byass, condujo el pasado 2 de Octubre el gran enólogo Antonio Flores, en el marco de las actividades programadas en el Andalucía 360º by World Premium Experience.

Antonio Flores enólogo de González Byass

Nos dice el diccionario que finito es “Que tiene fin o límite en el espacio o en el tiempo, y por tanto puede ser numerado o medido”. Esa es la tragedia y la grandeza de estos vinos, repito: joyas enológicas que, por desgracia, son muy limitadas, pero ese es el canon de lo exclusivo, de lo excepcional.

Antonio Flores, con su verbo didáctico y ameno, nos condujo a través de una cata que fue un cúmulo de impactos sensoriales, evocadores aromas con los que nos transportaba al mundo, recóndito y misterioso, de los rincones más exclusivos de las viejas bodegas familiares jerezanas.

Primero el Mosto yema 2019, donde todo comienza, la génesis de esos milagros que, aquí sí, la sabiduría y la mano humana, aquilatada y precisa tras generaciones de experiencia, transforman en el milagro de los vinos de Jerez. Como el Fino de Añada 2010, una sutileza dorada, vino muy seco, con recuerdos de almendra, que nos trae la blancura de la albariza al paladar.

Cata de Vinos Finitos de Jerez

Todo, como un pórtico del caudal de sensaciones placenteras que se abre por la puerta grande del Palo Cortado de Ida y Vuelta, con Antonio Flores nos subimos a la proa del Juan Sebastián Elcano para viajar en el tiempo y cerrar los ojos y que por nuestra nariz se adentren los aires de América y sus frutos, las finas maderas de Manila, el sonido del mar rompiendo contra el casco del barco aupado sobre las olas con todo el trapo desplegado, para traernos de vuelta a Jerez y, en ese fondo encendido de notas caobas, retener la elegancia infinita de este vino.

El misterio de los rincones en penumbra con aromas de roble viejo, albero y persianas de esparto, se materializa en el Alfonso 2/6, aquí sí lo finito de esas seis botas perdidas de un oloroso fino, sutil, larguísimo que ¡ay pena! Cuando se acabe, se acaba, que diría un castizo.

Los vinos de la cata

Pero gocemos mientras dure, fuera penas que beber Jerez es beber alegría y fiesta. Viña Dulce Nombre, uvas de Palomino Fino asoleadas y pasificadas procedente de ocho botas de 1986, un caramelito fino que recuerda más a frutos secos que a pasas, un dulce jerezano diferente.

El colofón una melaza, un vino con nombre de papa, León XIII, vino de 1878 que, probablemente provenga de soleras de en torno a 1850  que calificaría el mismo Tío Pepe que dio marca famosa al más famoso fino de Jerez. Densisimo, intenso, larguísimo, un vino de uvas de Pedro Ximénez pre filoxéricas, que tiñe la copa de un dulzor yodado casi negro, con tabaco, con esparto, con maderas nobles de anticuario.

Son los momentos que me recuerdan porque amo el mundo del vino y lo que supone, en esa hora u hora y media que te sumerges en una cata de este tipo, el dejar fuera los problemas y las cuitas del mundo exterior.