Una de las cosas que siempre me han hecho cerrar fugazmente los ojos en mi deambular por las calles de Sevilla, ha sido el aroma de un guiso que, escapado de alguna hogareña cocina por una ventana, me llegaba al olfato evocándome recuerdos del pasado, casi siempre feliz. Lamentablemente es cada vez menos frecuente el olor a comida casera por las calles. De eso va Los sabores perdidos (Penguin Random House, 2019), de comida y de recuerdos.

Mayte convoca en su cocina de la sierra de Madrid a un variopinto grupo de personajes, cada uno con su bagaje, con sus vivencias, con una historia que contar y con una receta con la que sazonar su historia, sus recuerdos. Al conjuro de los fogones, emociones, tristezas y alegrías, melancolía e incluso, erotismo.

La prosa de Raquel Martos, una escritora curtida en guiones de radio y televisión, es fluida, entretiene y te hace pasar buenos ratos de lectura. ¿Podríamos calificar esta novela como un libro “femenino”? Huyo ya de esas calificaciones, pero no cabe duda que está escrito con esa sensibilidad y que, probablemente llegará más fácilmente a quien tenga su feminidad más desarrollada. Lo digo en cuanto a sensibilidad emocional y empatía hacia el prójimo.

Por otra parte, los aficionados a la cocina van a encontrar también mucha y buena. Gabriela Tassile es una reconocida chef que contribuye no con meras recetas como si de un libro de cocina pura y dura se tratara, sino que las aliña con un relato, por cierto de muy buena literatura, se involucra, participa en las historias y sale airosa del trámite.

En definitiva, una novela entretenida, que toca muchos temas actuales, desde la inmigración, hasta la soledad de las personas mayores, la vida de una ejecutiva agresiva o las tribulaciones de un jovial y alegre homosexual. Todo ello en el ambiente cálido y envolvente, luminoso y evocador de la cocina de Mayte.