Decía la poetisa norteamericana Emily Dickinson que “la esperanza es esa cosa con plumas que se posa en el alma y canta melodía sin palabras, que nunca cesa”. Sin plumas es uno de los libritos recopilatorios de artículos satíricos de Woody Allen, donde arremete contra la cultura al uso. La Tapa, esa cosa con plumas que algunos quieren calificar y no acabamos de fijar muy bien lo que es.

Barra Restaurante Becerrita

Si sirves de una cacerola de carne con tomate, por ejemplo, una plato de ración, es un plato, si sirves una menor cantidad en un plato de postre, es una tapa. Así de sencillo y así de simple. Al menos así es como se entiende en Sevilla que, digan lo que digan, es donde se inventó esto cuando nadie en España lo practicaba, y no me salgan ya con los bocaditos sin posibilidad de elección que regalan en algunos sitios o con los pinchos (pintxos) que sobre las barras del norte se ponen en una rebanada de pan con un palillito de madera.

Sangre encebollada (Casa Morales)

La tapa sevillana, o sea, la Tapa, es una pequeña ración de lo que sea, frío o caliente, para uno, nada de compartir, a no ser que la parienta meta el tenedor, pequeño también, en tu tapa. Denle toda la literatura que quieran y adórnenla con el cebollino si procede, que casi nunca procede pero bueno. Llámenla en gastrobares “alta cocina en miniatura”, “gastronomía minimalista” o cualquier otra cursilada, pero dejemos claro, de una vez por todas, que la tapa es una pequeña ración individual que, actualmente, debería estar a precio de barra, en torno a los 2,50 – 3,00 euros.

Bar Las Teresas

Y como el camino se demuestra andando, comencemos una ruta por Sevilla, a modo ilustrativo de eso que, marketing municipal turístico mediante, se quiere llamar “nuestra manera de socialización”, que no quiere decir otra cosa que, la manera de tapear del sevillano toda la vida ha sido tomar una tapa, a lo sumo dos, en una barra, con varios amigos, y peregrinar a dos o tres sitios más, para ir probando las especialidades de cada “iglesia”. Apacibles vía crucis que se pueden comenzar de Este a Oeste de la ciudad, de Norte a Sur o viceversa.

Anchoas (Los Claveles)

Dejamos para otra ocasión algunos itinerarios “no oficiales”, como la personalísima “ruta del altramuz” instaurada por mi buen y sevillanísimo amigo Rafael Domínguez, que sigue, esquina más esquina menos, el trazado del Cardo Máximo de la antigua Híspalis romana.  Vamos a tomar algunos de nuestros bares con más historia a cuestas y citemos unos ejemplos.

Tiradores de Cruzcampo en Casa Coronado

Podríamos empezar, contradicciones de esta Sevilla barroca, en una taberna que no pone tapas, salvo una conchita de altramuces o de cacahuetes, Casa Coronado, que es un templo de la cerveza bien tirada, que es como todo sevillano empieza a comer, bebiendo. No lejos de allí, en la misma Ronda Histórica, como llaman ahora a la avenida que sigue el trazado exterior de la vieja, y desaparecida, muralla de la ciudad, está la barra del Restaurante Becerrita, donde sirven una de las ensaladillas (sobra decir rusa), que están en el podio local de una de las tapas frías más emblemáticas.

Menudo de Casa Morales

Internémonos en el Casco Antiguo. En torno a la collación de Santa Catalina, dos lugares más que centenarios, el bar más antiguo de Sevilla, El Rinconcillo, enfrente, otro centenario, Los Claveles, en las maravillosas fotos de Manolo Manosalbas, con unas anchoas y un menudo de pizarra de lujo. Antes nos hemos detenido en el bar EME, una de esas tabernas cofrades, por las fotos que visten sus paredes, que tanto abundan en la ciudad.

El Rinconcillo

Luego podemos tirar para el Barrio de Santa Cruz, para picar algo en La Fresquita o en ese templo del jamón ibérico que es Las Teresas y cruzar bajo la Giralda para encaminar nuestros pasos a la calle del Mar, recalando en otra casa histórica, Morales, despacho antiguo de vinos manchegos y hoy concurridísimo local de tapas donde disponemos de variada lista de las mismas, entre las que figuran clásicos como el menudo y la sangre encebollada.

Pues eso, recorran y disfruten de Sevilla, de sus bares y de sus tapas.

FOTOS: Manolo Manosalbas