Sin pretensión de ofender ni de señalar, ayer 28 de Diciembre, en Gastrobaris nos permitimos nuestra pequeña broma para seguir el tradicional carácter del Día de los INOCENTES.

Cuando parecía que todo estaba inventado, restaurantes para comer a ciegas, bares con mesas psicodélicas de pantallas inflexivas o sitios de cocina a granel donde te dan de comer en espuertas, surge en este gran cuerno de la Fortuna (¿o Caja de Pandora?) en el que parece caber de todo que es la “gastronomía”, la moda del Gastro Spit-off.

Que ¿qué es eso?, pues ni más ni menos que un modelo de gastrobar en el que la comida sólo se mastica, para extraer los sabores más elementales del plato y, una vez machacado el bocado, éste se escupe en una bacinilla colocada a tal efecto junto al plato del comensal.

En Noruega, país en el que surge tal invento el pasado verano, está teniendo gran aceptación pues ofrece un valor añadido a eso de “comer” fuera de casa. Ya se sabe de lo civilizado de la sociedad nórdica y es por ello que su comportamiento educado ha favorecido e impulsado este tipo de negocio. Y es que éstos, los noruegos, no se permiten licencias como escupir el bolindre de comida en otro que no sea su recipiente, como ha sucedido en México, en el restaurante La Calandraca, donde entre comensales se llegó a jugar a ver quien tenía mejor puntería y colaba el proyectil en cubitos de mesas cercanas. La gran gresca que se organizó entre comensales, personal y repartidores duró varias horas y para su desalojo hubo de actuar la policía federal que realizó numerosas detenciones.

Pues bien, abre, en breve, en Sevilla el primer Gastro Spitt-off de nombre La Patulea con la atractiva modalidad de que también servirá comidas líquidas, sopas, gazpachos y purés. Abrirá, decíamos, en el incomparable marco del Casco Antiguo hispalense. Un sitio que será, a buen seguro, lugar de culto y peregrinación para los gourmands sevillanos, cronistas culinarios y críticos gastronómicos de relevancia, ávidos de nuevas sensaciones.  Estén al tanto.