Nos llega la triste noticia del fallecimiento de Juan Piñero. Tuvimos la suerte de conocerlo en persona y compartir con él, además de algunas catas en Sevilla, una inolvidable visita a sus bodegas, gracias a Antonio Colsa, el “Quillo de Cádiz”, que nos proporcionó un gran día con buenos amigos.

Bodegas Juan Piñero

Piñero era u ex constructor que compró la nave que alberga 1.600 botas que eran de Argüeso, donde se criaba Manzanilla La Gitana. Bodegas Piñero elabora Manzanilla Maruja, hija de un fino que provenía de Terry y que ahora es más fresca y salina que su “hermano” de bodega, el Fino Camborio, que gasta la personalidad de los finos de Jerez. Bodegas Juan Piñero recupera los vinos de más largas crianzas, como antes. Hasta finales de los años 70 del pasado siglo, una Manzanilla Fina tenía una edad media no inferior a 7 años, hoy día se sacan incluso manzanillas de dos años. La más emblemática marca de esta bodega sanluqueña, su Manzanilla Maruja, tiene unos 8 años de vejez media.

Además, en esta coqueta bodega sanluqueña ubicada en una calle tan emblemática de la localidad gaditana como es Trasbolsa, se crían otros tipos de vinos generosos, propios del Marco de Jerez, todos estupendos, como su singular Amontillado, con la singularidad de que proviene de Manzanilla Pasada, no de Fino, lo cual le da un matiz diferenciador de los amontillados jerezanos. Un punto más fresco y salino, se cría a partir de uvas de Palomino Fino del Pago del Hornillo de Sanlúcar de Barrameda. Con una crianza biológica de unos 12 años, o sea, bajo velo flor como Manzanilla, luego envejece en crianza oxidativa por el tradicional sistema de soleras y criaderas. Pasa por 13 criaderas antes de realizarse la única saca anual.

La hospitalidad de Juan M. Piñero

En 1992 inició Bodegas Juan Piñero su andadura como tal, en una bodega con una construcción típicamente sanluqueña que acoge unos 3.000 m2 de construcción, muy andaluza, que incluye un patio de naranjos y cascos de gran altura a dos aguas, característicos de las bodegas del Marco de Jerez.

En nuestro recuerdo, ese hombre afable y gran anfitrión, con el que brindamos con sus vinos junto a platos de jamón y queso, rematando la faena en torno a una mesa donde florecieron las conversaciones amigables y las sonrisas, que se intensificaron cuando llegó a la mesa un guiso de garbanzos con chocos.

Juan Piñero, descanse en paz.