cata de vinos

Una interesante cata de vinos mono varietales, o sea, elaborados cada uno de ellos con un solo tipo de uva, compartimos esta semana con algunos amigos de la Asociación Apolo y Baco en La Azotea de la calle Conde de Barajas.

Jamón ibérico y pan con tomate y AOVE para abrir el menú de la cata

Seis fueron los vinos elegidos en una cata, esta vez seleccionada por Antonio Vázquez, llena de vinos originales y de alguna que otra muy agradable sorpresa. La cita tuvo lugar, se ha dicho ya, en el más reciente local del Grupo La Azotea, el de la esquina de la calle Conde de Barajas, muy cerca de La Azotea original, antigua sede de una tradicional corsetería (nombre por cierto por el que los empleados de La Azotea llaman cariñosamente a este local). Un servicio excelente, profesional y diligente, como La Azotea nos tiene acostumbrados, puso sobre la mesa un menú de varios platos que acompañaron adecuadamente a los vinos seleccionados.

Previo consensuar el orden de la cata, comenzamos con Rayuelo 2014, un Bobal de la D. O. Manchuela. Una Bobal de altura, el viñedo se encuentra a 1.100 metros de altitud en la provincia de Cuenca, esto es importante señalarlo porque en la cata se demostró como la situación influye en el comportamiento del varietal, en este caso Bobal diferente a las habituales de la zona levantina, más ligero en boca y con evidentes notas herbáceas.

El segundo vino fue Chozas Carrascal 2016 Cabernet Franc, para mí uno de los mejores, si no el mejor, vino de la cata. Un Vino de Pago valenciano procedente, como el primero,  de agricultura ecológica. Poderoso y denso en boca, se fue abriendo en la copa para ofrecer toda la elegancia de la Cabernet Franc, una de las uvas más distinguidas que conocemos.

Cambiamos a tierras leoneses y probamos Pricum Paraje El

Magnífico Foie casero de La Azotea junto a uno de los vinos de la cata

Santo 2011, un varietal de Prieto Picudo, mineral y herbáceo en boca, que, como la Bobal del primer vino, nos habla del terruño del que procede.

Volvemos con el cuarto vino a un corte de vino más internacional, casualidad o no, creo que esa alternancia fue la tónica de toda la cata. El Pino Rojo 2016 de la granadina Barranco Oscuro, un vino de Pinot Noir que expresa la siempre original manera de elaboración de Manuel Valenzuela y la expresión muy personal de sus vinos procedentes de las altas viñas situadas en Cádiar. Fresco, fluido, con notas balsámicas, infusión (anís, menta poleo) y un final de cierta elegancia.

Ternera frisona perfectamente armonizada con los tintos de la cata

Gran potencial el del cuarto vino, el más caro (según su precio de venta al público) de la cata. Alabaster 2012, elaboración en la D. O. Toro, con la uva propia del país procedente del Teso La Monja, de los Hermanos Eguren. Viñas viejas, 18 meses de crianza en roble francés, para un vino de un corte habitual en los vinos de estos elaboradores. Vino grande, sí, pero que lo mismo podría ser Rioja o Ribera de Duero según su cata: Una muy atractiva capa granate, frutos rojos un punto golosos con notas tostadas de madera muy elegante subrayando unos taninos aún vivos, un vino para guardar.

Por último una muy agradable y dulce sorpresa, Paradoxin Dulce 2017. Una botella atractiva de 50 cl para vestir una Godello de la D. O. Bierzo vinificada en vendimia tardía, resultando un bonito tono amarillo dorado, con notas en nariz de miel y pasas conjugados con cítricos, un equilibrio que se comprueba en boca entre las notas dulces y una muy fresca acidez. Densidad y untuosidad en boca para un muy agradable vino de postre. Magnífico colofón a una muy interesante cata de vinos.