Halloween

Con esto de Halloween me va a pasar como con las bicicletas pero al revés. A mí me encantaban las bicicletas, montar y disfrutarlas, pero han terminado por caerme mal por lo cansino de los ciclistas y los carriles bicis modernos.

Huesos de santo y buñuelos

Al revés, yo desde hace años he reivindicado nuestras tradiciones del Día de Difuntos frente a la invasión anglosajona de las brujas y las calabazas, pero tanta crítica impostada últimamente desde ciertos sectores de la “crítica gastronómica” me van a hacer cambiar de idea. Me explico.

Resulta que nos encanta la fusión, se valoran muy positivamente restaurantes muy modernos que beben de las fuentes culinarias del Lejano Oriente, Tailandia, Vietnam y no digamos Japón, son cocinas valoradas y que han influido en numerosas recetas contemporáneas de los cocineros más vanguardistas, y vale, no pasa nada, es bueno enriquecer nuestras opciones.

Pero esos mismos que elogian a quien cambian la sal de San Fernando por la salsa de soja, que se quedan encantados con la mezcla de la cocina Nikkei y el cerdo ibérico o que mete una pringá desgrasada en un pan bao en vez de en un buen mollete, se rasgan las vestiduras porque a los niños hispanos les encanta Halloween y se lo pasan pipa en divertidas fiestas de disfraces que, por cierto, poco tienen que ver con la gastronomía. Frente a ello reivindican “la tradición” de los huesos de santo, las empiñonadas (panellets) o los buñuelos y claman contra la invasión yanqui. Quizás si la moda fueran las calaveras mexicanas y el tequila e irse a cenar al cementerio, estarían encantados.

Calabazas de Halloween

¿Y quién tiene la culpa de todo? ¿Desde cuándo no ponen en una cadena de televisión el Don Juan Tenorio? ¿Cuántos padres van a una confitería a comprar nuestros dulces típicos? ¿A qué niño le va a gustar más un huesesito de santo que una sonriente calabaza naranja llena de caramelos? No podemos poner puertas al campo, ni pretender mantener tradiciones de nítida raíz católica cuando impera el anticristianismo militante y combativo. ¿O no es lo mismo el show de Santa Claus contra todo lo que huela a Niño Jesús, Navidad, villancicos tradicionales y hasta Reyes Magos? Pues eso. Y no terminamos celebrando el Día de Acción de Gracias porque es una celebración que no lleva aparejada ventas que no sean un pavo, sino ya estábamos todos como los pioneros del Mayflower, anda que no ni ná.