gastrosofia

Lilian Weikert García y Jaime Gastalver López-Pazos, forman un compenetrado tándem catalano-andaluz que llevan adelante, entre otros, el proyecto Gastrosofía. Intentaremos, tras la charla con ambos en la sede de la Fundación Valentín de Madariaga, donde hasta el domingo se puede visitar la exposición: Como Arte, obra del colectivo La Plasita, explicar en qué consiste este movimiento socio-culinario.

Jaime Gastalvert y Lilian Weikert

Ante todo, decir que La Plasita es un estudio y lugar de encuentro donde Weikert y Gastalver, desarrollan su trabajo en arquitectura, urbanismo, paisajismo y, claro, Gastrosofía. Tal como ellos mismos declaran en la presentación de su exposición, la Gastrosofía es una “mirada política y poética al acto de comer que desde un punto de vista holístico trata el territorio y la sobremesa como una unidad: quedan recogidos en ese pensamiento cosas tan diversas – a priori-,  como el paisaje, la soberanía alimentaria, el hambre, una receta, o el hedonismo sostenible… Gastrosofía es aplicar la teoría de los cuidados al acto-proceso de la alimentación”.

Obras de Daniel Gastalvert

El bello y tranquilo claustro de estilo colonial de la Fundación Madariaga, acoge las obras de arte de esta exposición, en la que también ha participado con sus obras el hermano de Jaime, Daniel Gastalver, el llamado chef pintor. La obra de Daniel complementa las cuatro series ideadas por La Plasita: La Galleta Ridiculum, “Qué pinta el horno aquí!”, Gyotaco vs Jo Taco, Las Minutas y La Concha. Además desarrollan el proyecto Sevilona, simbiosis acuática de Sevilla y Barcelona, cuyo plano se plasma en un mantel. y recorre una serie de sitios referentes a la cocina y gastronomía de la ciudad.

ComoArte en la Fundación Valentín de Madariaga

Lilian nos aclara que el término Gastrosofía nace a mediados del siglo XIX en Alemania de la mano de Friedrich Christian Eugen Baron von Vaerst (Wesel, 1792 – proximidades a Sotin, 1855), quien diferencio entre gourmet, gourmand y gastrósofo, siendo éste quien disfruta de los placeres de la mesa, no solo la bebida y la comida, también el erotismo, pero eligiendo la comida con un sentido “moral”, acorde con lo “decente” o las “buenas costumbres”. El llamado Chevalier de Lelly, su seudónimo, antecedió al conocido precursor de los estudios gastronómicos, Brillat-Savarin, a quien sirvió de fuente en su Fisiología del gusto de 1825.

Gyotaco vs Jo Taco

La Plasita amplía el concepto fijándose no solo en lo que le sienta bien a la persona, sino lo que le sienta bien al entorno, al medio ambiente. Así, definen la Gastrosofía como la práctica de los cuidados en torno a la alimentación, desde el disfrute de la mesa y sus preámbulos, hasta el placer de la sobremesa compartida.

El espacio RES de Los Remedios y Rompemoldes en la calle San Luis, son los centros de trabajo de La Plasita. En Rompemoldes organizan comidas, a precios muy asequibles por cierto, donde se puede disfrutar de una experiencia gastronómica con gran variedad de ingredientes naturales y saludables.

¿Qué pinta el horno aquí?

El movimiento gastrosófico de La Plasita propone cambiar la mirada a ciertas cosas, como exponer un papel de horno previamente usado en la cocina, no está exento de ironía y de cierta burla hacia el mercado actual del arte contemporáneo. La obra en cuestión está certificada, ese certificado es lo que se compra junto con la obra, que se irá alterando con el tiempo, ese contrato al final se podrá cambiar por una cena donde se originará una nueva versión del cuadro. Al final se trata de un pensamiento político que aspira a la justicia social y al cuidado del entorno, en este entorno se toma a la ciudad de Sevilla como laboratorio para realizar los estudios llamados “la ciudad alimentada”, de manera aún poética política, antes del análisis meramente económico y financiero.

Jaime Gastalver reivindica la recuperación de los canales internos de Sevilla, un mapa que evoca la idea de Ámsterdam, reivindicando la cultura del agua y el bosque, así como la recuperación de los productos de cercanía, apelando a la incongruencia de traer productos de zonas lejanas, que necesitan una logística de transportes, detrás, señala Gastalver, de todo esto hay un apolítica y una ética, como apuntilla Lilian, “con la comida no se juega”, habría que pensar en la comida de otra manera, no solo de manera económica.

El Arte es el modo de mirar, la mirada del espectador varía el sentido del objeto, convirtiéndolo en obra de arte. Algo parecido sucede en las comidas organizadas en La Plasita, experiencias efímeras que quedan registradas en los restos de esas “performances” gastrosóficas. Los viernes el espacio de La Plasita se convierte en el proyecto “Casaurante”, ambos cocinan, productos de mercado y temporada, cuatro platos, para elegir dos, acompañados de unos entrantes y cuatro postres, se puede llevar cada uno su botella, todo ello por tan solo 12 euros, bebida aparte. Lilian puntualiza que tienen muy en cuenta productos en peligro de extinción, que se compran poco, muy de temporada.

Están preparando un libro contando sus proyectos y, en particular, todo lo referente a la Gastrosofía. Sus experiencias hasta ahora y los actos realizados desde que La Plasita nació en Berlín a finales de los años noventa, como la experiencia en las Atarazanas de Barcelona o la exposición ComoArte de Madrid. Pero tienen más proyectos, como el estudio de los viajes más importantes en cuanto a la llegada de nuevos alimentos que luego han sido fundamentales en nuestra tierra supone: la colonización de América, la llegada de los musulmanes y la expedición del japonés Hasekura Tsunenaga.

laplasitaproyectos.com

ComoArte.wordpress.com

Ciudadalimentada.wordpress.com