En el número 16 de la calle Prim, en San Sebastián, se encuentra uno de los negocios más emblemáticos y prestigiosos de Guipúzcoa. Un despacho de vinos y licores, y alguna que otra delicatessen, que lleva más de un siglo labrándose un prestigio repleto de reconocimientos, fruto de su intachable filosofía comercial. Se llama Ezeiza, Vinos y Licores.

Ibón y Bernardo Anabitarte en el despacho de Ezeiza

Tres generaciones han atendido a miles de clientes que buscan, entre sus repisas, un vino singular, un licor en especial y, que también los hay, una etiqueta propia de coleccionista.

Vinos Arrieta, que así se llamaba el establecimiento original, pasó a manos de Manuel Ezeiza (tío) y de éste a Bernardo Anabitarte Ezeiza, quien,  desde la barrera, ha gestionado este maravilloso universo con un profundo conocimiento del mercado, seleccionando certera y exigentemente el producto y lo que hubiera que exponer en sus anaqueles. Hoy Ibón, su hijo, es el responsable del negocio y controla, con mirada experta y mano firme, la gran variedad que ofrecen a sus clientes: gente de todo tipo, foráneos, lugareños y turistas bien.

El proceso de selección es muy simple: si alguien quiere vender en Ezeiza ha de proporcionar una botella como muestra y si pasa el control de calidad, una vez  degustada por Ibón y compañía, será bienvenida y ocupará su lugar. Previamente el distribuidor ha de demostrar su seriedad o de lo contrario “rien de rien”.

Ilustrísimas botellas

De sus infinitas referencias destacan sus más de 30 vinos de Jerez, 12 tipos de anís, más de 65 ginebras, de la que ofrecen una ingeniosa cata sobre la marcha, si el cliente la precisa, o 50 tintos y blancos (Imperiales 64, vinos de los 50). Whiskies japoneses (Hibiki 30 años, Yamazaki de 25 años), 50 rones y whiskies, 35 brandys y cognacs, nacionales e internacionales, de altura. Venden al año 4000 litros de vermut y un pacharán de la casa, con la marca Ezeiza, que es imprescindible llevarse tras la visita.

Ezeiza es conocido por todos los grandes cocineros del País Vasco, Arzac, Berasategui, Arbeláitz…quienes de vez en cuando les envían clientes que se enamoran de la casa y se hacen adictos a la visita y  adquisición de su correspondiente joya líquida.

Bernardo Anabitarte en el Sancta Sanctorum de Ezeiza

Sus tres espacios, en realidad cuatro, gozan de una singular personalidad. Mostrador de atención al público, antiguo despacho de vinos, almacén, y un sótano de más de 200 m2 repleto de secretos que, según me cuenta una amiga común, es el templo supremo del negocio, templo que todo visitante desea conocer. Si van,  déjense aconsejar, compren lo que más les guste y, si lo ven oportuno pídanles permiso para acceder al antiguo despacho, pero así, en este orden. No les hace mucho tilín eso de que la gente se haga la foto en la sacristía y salga por la puerta grande sin haber adquirido antes algún artículo, que, como me cuenta Ibón, de eso vive y sobrevive Ezeiza, de la venta de vinos y licores.

Gorka, Bernardo e Ibón

Así que Bernardo en la esencia, Ibón en el timón y Gorka, cuñado de éste último, como intendencia y apoyo, son los puntales de este establecimiento que vive con profunda pasión y con enorme ilusión la realidad de un negocio cada vez más apreciado por los buenos bebedores. Visita obligatoria y aconsejada.

Ezeiza

C/Prim, 16

20006 San Sebastián (Guipúzcoa)