Viña Salceda, sobre una curva del Ebro

Bodega

Contemplo tras las cristaleras del salón de Bodegas Viña Salceda el discurrir caudaloso del Ebro, los árboles de la orilla, las viñas en la bella parcela enmarcada por flores rojas, amarillas, blancas y violetas. En la mesa las botellas de vino listas para la cata y en mi memoria, recientísimas sensaciones, los pies sobre las blancuzcas tierras calcáreas, el fluir del arroyo, curiosamente llamado río Mayor, dos únicos sonidos, el del silencio y el de los pájaros. En la nariz, toda una sinfonía de aromas del campo, de las hierbas, de la humedad del agua, del terruño.