El caso del supuesto médico que come gratis de restaurantes

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En España surgió un género literario propio, la picaresca, y Sevilla en aquella época donde el oro de América se iba camino de Flandes, era capital del mundo y hogar de pícaros de toda laya. Cervantes, él mismo inquilino un tiempo de la cárcel real hispalense, lo dejó plasmado en su inmortal Rinconete y Cortadillo. Lázaro de Tormes o el Buscón Don Pablos de Quevedo, no van a la zaga en esa corte de los milagros y del sablazo, tanto figurado como literal.