cocineros
Fotografía: Manolo Manosalbas

Este sábado 21 de Octubre se ha celebrado el Día Mundial del Cocinero. Estamos en un mundo lleno de buenas intenciones, donde todos los días es el “día de algo”, aunque después esas buenas intenciones se quedan en eso, más que en verdaderos hechos, aunque quizás no está mal que se recuerden ciertas cosas.

Pero no nos perdamos, hablamos hoy de los cocineros. No me quiero referir solo a las estrellas (nunca mejor dicho), sino a todos y cada uno de los cocineros que pasan calor, que echan horas interminables, que tienen que lidiar con un equipo, con jefes, con proveedores y, a veces, también con clientes con “guasa”.

Recuerdo hoy a los ilusionados alumnos de hostelería que participaron el otro día en un concurso de cocineros en el IES Heliópolis, y de los que, con seriedad profesional, me atendieron dos días después en la Taberna del Alabardero, ellos son el futuro. Pero también quiero recordar a los que cada día guisan y elaboran un menú de 9 euros en un bar de polígono industrial, a los que aguantan el tirón de la modernidad en bares y tabernas que conservan aún las esencias de la cocina tradicional de nuestra tierra, a los que trajinan con grandes ollas y peroles en los comedores sociales, de colegios, de instituciones penitenciarias, de hoteles. A todos los que, con vocación y sin perder las ganas y la ilusión cada día, nos hacen la vida más agradable.

Celia Jiménez

Mercedes López

 

 

 

 

 

 

 

Se trata de eso, de personas, ellos y ellas, porque debemos resaltar que, aunque digamos cocineros, nos referimos también a tantas y tantas mujeres que ofician en todas las cocinas del mundo, cocineros y cocineras que se sacrifican días de fiesta y horas donde los demás disfrutamos del ocio, para llenarnos la vida de sabor. Para, con toda la ilusión del mundo, crear y elaborar platos que esperan nos hagan poner una sonrisa en la boca, además de bocados excelentes. Lo he visto en muchos concursos estando de jurado, hasta el más veterano se pone nervioso y me encanta que así sea, porque esos nervios no son más que las ganas de agradar, de que se reconozca su esfuerzo, las horas de trabajo, el estudio de productos y recetas, los ensayos de nuevos platos.

Julio Fernández en la cocina de Abantal

Kisko García y su equipo de Choco

 

 

 

 

 

 

 

No hay mayor reconocimiento para ellos que ir a visitar los bares y restaurantes donde la vida se nos hace mejor, gracias a todos, desde el chef hasta el ayudante que lava la vajilla, con la complicidad, claro está, del equipo de sala, tan importante. Que dejemos el plato limpio y pongamos esa cara de satisfacción donde se lea: qué rico estaba todo.

A todos ellos, muchas gracias por hacernos la vida más agradable.