médico

En España surgió un género literario propio, la picaresca, y Sevilla en aquella época donde el oro de América se iba camino de Flandes, era capital del mundo y hogar de pícaros de toda laya. Cervantes, él mismo inquilino un tiempo de la cárcel real hispalense, lo dejó plasmado en su inmortal Rinconete y Cortadillo. Lázaro de Tormes o el Buscón Don Pablos de Quevedo, no van a la zaga en esa corte de los milagros y del sablazo, tanto figurado como literal.

Página del libro de reservas de un establecimiento sevillano con la que hizo el supuesto médico

Viene todo esto a la información que amablemente nos pasa David Hidalgo Otaola y que es ya la comidilla veraniega del mundo hostelero hispalense. Les voy a relatar el caso y verán ustedes como no tiene desperdicio. Uno más de esos entrañables sinvergüenzas tan nuestros a los que no se sabe si meter en la cárcel o invitar a unas copas.

Un señor de entre 60 y 70 años, educado y culto, bien vestido, traje y corbata, de maneras elegantes y tono suave de voz, peina canas y usa gafas de intelectual, se persona en bares y restaurantes de Sevilla para, supuestamente, concertar una comida para 40 ó 50 personas, médicos, como él, que participan en un congreso de neurología. El dinero no es problema, argumenta el tipo, pues los famosos Laboratorios Roche aportan hasta 100 euros por comensal. Así, entre detalles minuciosos y demás nuestro hombre se va metiendo al hostelero en el bolsillo.

El supuesto médico sigue con su historia. Congreso de neurología que se clausura con una fiesta para entre 400 y 500 personas, catering servido por Miguel Ángel y actuación del grupo Siempre Así. Él, para esos 40-50 médicos, para los que organiza la comida, “busca algo diferente”, una cosa para compartir, un blanco, un tinto, etc, en fin todos los detalles. El hombre incluso se ofrece a cerrar la reserva al día siguiente adelantando 1.500 euros, naturalmente, no aparece más.

La consumición realizada durante su visita, bien sean unas cervezas y unas tapas o un almuerzo en toda regla, pide que se lo carguen a la Facultad de Medicina, cuyo teléfono aporta. De hecho, en la Facultad, están al corriente del tema porque no son pocos los hosteleros sevillanos que ya han llamado requiriendo el abono de la factura, sin éxito claro.

Lo dicho, un artista, un pícaro de traje y corbata, buenas maneras y “todo el arte” que solo sabemos desplegar en esta bendita tierra donde ojalá estas mentes brillantes aplicaran su talento a cosas más constructivas en vez de a engañar y estafar al prójimo.