Gastronomía Sostenible

Junio, 18, hoy es el Día de la Gastronomía Sostenible, este último término está de moda y se aplica a casi todo, sobre todo les encanta a los políticos, que añadiendo palabras como “sostenible” a su discurso adjetivando casi cualquier cosa, parecen más modernos y ecologistas. Pero ¿sabemos en realidad qué significa sostenible y, en este caso, aplicado a la Gastronomía? Intentemos explicarlo.

Casi cualquier actividad que realiza el ser humano actualmente puede ser sostenible, este mantra de la modernidad implica que dicha actividad sea respetuosa con el medio ambiente y no consuma más recursos de los debidos y, si es posible, no sea contaminante. Aplicado a la Gastronomía podemos hablar del consumo responsable, o sea, procurar generar el menos desperdicio posible y ser partidario de lo que ya desde hace unos años viene promoviendo el movimiento Slow Food, consumo de productos de cercanía, de temporada y procedente de productores tradicionales que empleen, la palabra de nuevo, métodos sostenibles.

Lo del consumo de cercanía, o también llamado producto de kilómetro cero, ¿significa que tenemos que renunciar a disfrutar de las delicias de países lejanos al nuestro? Obviamente no, pero si al menos encontrar un camino racional en el consumo de la mayoría de productos básicos de la cocina que sí podemos encontrar en nuestro entorno más cercano, sea este la comarca, la provincia, la región o el entorno nacional más próximo. A ello se une el consumo de productos de temporada.

Todo lo expuesto en el párrafo anterior facilita una menor contaminación ambiental debida a los grandes transportes, a los procesos de conservación, a las explotaciones industriales y al gasto energético aparejado a estos procesos, precocinados, refrigeraciones, etc.

Esto no solo repercutiría en una mayor calidad de lo que consumimos, en un retorno a los sabores más auténticos de antaño, sino a una mejora en nuestra dieta y un beneficio para nuestra salud. Para lograr una Gastronomía Sostenible debemos de pararnos a pensar en nuestros menús diarios y, muy principalmente y anterior, lo primero es consecuencia de lo segundo, en nuestra cesta de la compra, huir de los blíster, los alimentos plastificados, precocinados, etc. O sea, volver cada vez más a los productos frescos, a los productores cercanos. El mundo y nuestro cuerpo lo agradecerán.