El alma de este bar que nos ocupa es D. Antonio Gutiérrez, señor natural de Manzanilla, Huelva, que regentaba una pequeña tabernita, aún en funcionamiento, en la calle Castilla, situada un poco antes de llegar a ese chapín famosísimo, zapatiesto anunciador de calzados Los Valencianos, que pendía como reclamo publicitario en el mismo muro donde se abría la cancela del callejón de La Inquisición.

 Miguel Campos Jr. – Mª José Gutiérrez – Miguel Campos Cabeiro

Miguel Campos Jr. – Mª José Gutiérrez – Miguel Campos Cabeiro

Era (y es) la tabernita el 24 y servía mollate del bueno, coñá y anises a los trabajadores y transportistas del Mercado de San Jorge hacia 1957. Pues bien, al construirse el Polígono de San Pablo, muchos trianeros cruzaron el río y se plantaron en este barrio ocupando los pisos de la gran explanada hacia donde ahora el Indio de Kansas City azuza la vista: la Avenida de El Greco.

En 1966 se inaugura, en la misma, el bar El Rocío, nombre elegido al azar por D. Antonio, porque la romería en sí empezaba a sonar con fuerza en la ciudad al convertirse en fiesta de masas. En fin que le vieron su tironcillo mediático y allá que le pusieron el susodicho nombre.

Éste abría, como todo bar de barrio, muy temprano para dar desayunos, café y tostadas de pan de la Algaba y

La barra concurrida.

La barra concurrida.

copichuelas, a los trabajadores de la Fábrica de la Cruz del Campo, a los vecinos madrugadores, a viajantes y a trasnochadores profesionales. En esa década, los sesenta, gustaba un porrón su ensaladilla “home-made”, su choco frito, la merluza frita, las croquetas, enormes de tamaño por cierto, y algún que otro guiso propio del antiguo cuchareo sevillano. Siempre por tapas, siempre en la barra y principalmente a mediodía. Como tenía que ser.

En 2002 Don Antonio se retira y pasa los trastos a su hija, Mª José, que ayudada en la intendencia y lo que hubiera menester por el simpático Miguel Campos Cabeiro, su marido, dan el definitivo espaldarazo al negocio y consiguen ponerlo en la órbita de los bares de cocina tradicional con más carisma, del panorama sevillano de barra y barriada. El secreto del éxito, como siempre, no es un secreto: Es la honestidad.

Su cocina se basa en la calidad selecta de los productos utilizados, la buena mano de la jefa en la cocina, y el acierto del repertorio en la pizarra. Nada de complicaciones.

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Cocido de acelgas con su pringá

El tapeo, aquí, es una experiencia sencillamente gloriosa, que parece que el indio de Kansas City más que otear el páramo nos indique…¿Querer comer bien?…P´allá!!

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Buñuelos de bacalao en tempura

Manitas de cerdo guisadas a la antigua, pero deshuesadas y rellenas de foie. Croquetas, de puchero y jamón o de setas y gorgonzola, cremosas y ligeras de intenso sabor. Boquerones fritos, impecables, crujientes y tersos. Cocido de acelgas con su pringá, la joya de la corona, que hasta en verano lo pide la parroquia, hecho con garbanzos de Escacena, tiernos y orondos y de hollejo inapreciable, carne de primera, morcilla de Málaga, chorizo y panceta, tocino fresco, el justo, costilla de cerdo, acelga, calabaza, judía verde y olla express a discreción. Después se inventa Mª José un timbalillo de habitas Baby con carne limpita de esa pringá, que corona con un huevito de codorniz, que hipnotiza al que lo ve pasar por delante porque es hasta bonito.

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Carrillera en salsa

Este delicado toque innovador, su estética, así como otros detalles, se deben a la influencia refrescante de su hijo, Miguel Campos Gutiérrez, que realizó sus estudios en la Escuela de Heliópolis y que aporta su inquietud renovadora en claves tan importantes como el aspecto de ciertas tapas.

Cuántas veces hemos comentado qué agradable resulta contemplar una cocina clásica presentada en el menaje actual adecuado ¿No es también de agradecer un guiso, casero a más no poder, presentado en una cazuelilla “moelna”? Estética y dialéctica aquí van de la mano y en este bar de barrio (antiguamente El Rocio, ahora el “Chiva”, en honor a D. Antonio Gutiérrez, el del 24 (que así era conocido) la comida y la atmósfera siguen siendo las de toda la vida aunque, eso sí, con un toque muy de hoy. Como el antes y el después guisándose a la par. Vengan a disfrutarlo a este barrio, el del Polígono de San Pablo, porque si no lo conocen será un grato y sorprendente descubrimiento. Ya sabéis el “Chiva”.

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Timbal de pringá con habitas Baby

Avda. de El Greco, 12, frente al Indio apache ese de ¿Querer comer bien?…P´allá!!

Chiva, De Castilla al Greco

 

 

 

 

 

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