Segunda cata a la que asisto en Eno Fusión 2017. Vinos blancos de la Denominación de Origen Ribeiro “maridados” con conservas marinas gallegas. Buenos vinos, en general, y ricas conservas, casi todas. Seis blancos con seis tipos de conservas, la directora de la cata, Cristina Alcalá, Gerente del Consejo Regulador de la D. O. Ribeiro, lo plantea como un juego, probar todo con todo.

La cata está bien planteada desde el punto de vista vinícola, buenas muestras de los estilos de vinos blancos que actualmente se elaboran en las zonas amparadas por la D. O. Ribeiro. Viñedos que crecen entre tres ríos y tres valles, los ríos Miño, Avia y Arnoia, los valles de Castrelo de Miño, valles de Avia y del Anoia. Y una uva principal, la Treixadura que, junto con la Loureiro, Godello o Albariño, las principales, también, lamentablemente están autorizadas aun uvas foráneas como la Palomino y la Macabeo, forman parte de los mejores vinos de la zona.

No es el caso del primer vino catado, el Gran Alanís 2015 (Treixadura 85%, Godello 15%) de la zona de Arnoia, un vino facilón, demasiado ligero. Otra cosa fueron sus compañeros de la primera parte de la cata. Casal de Armán (Treixadura 90%, Albariño 5%, Godello 5%) zona de Avia, presenta más estructura, más cuerpo y aroma. Mejor aún el Cunqueiro III Milenio (50% Treixadura, Godello, Loureiro y Albariño) un vino de la zona Castrelo de Miño con tres meses sobre sus lías, con muy buena acidez, sabroso, fresco y alegre.

La cata de vinos fue a más con los tres siguientes. Un Finca Viñoa (Treixadura, Albariño, Loureria) de imagen actual, herbáceo. Un monovarietal de Treixadura, Priorato de Razamonde, de buena intensidad frutal. Eiras Altas (de Viña Mein) un blanco fermentado en roble con sus lías, permaneciendo en madera 8 meses. Treixadura, Loureira y Albariño con recuerdos de lías, elegante, ahumado y mineral, expresión del valle del río Avia.

Junto a los vinos las conservas gallegas, un bonito algo seco, pero sabroso, berberechos de potente sabor a mar, mejillones donde el escabeche era protagonista, chipironcitos en su tinta, sabrosas sardinillas y zamburiñas con una salsa picante difícil de casarse con ninguno de los vinos. Aquí mis dudas, porque, aunque se pueda jugar a cuál le viene mejor qué pareja, la verdad es que eran intercambiables, de hecho, el mejor maridaje para algunas de estas conservas quizás hubiese sido una buena cerveza, una 1906 de Estrella de Galicia por ejemplo.

La conclusión es que el camino del maridaje de vinos y platos, en general, debe caminar hacia la versatilidad. Y pondré un ejemplo extremo pero cierto, mi reciente almuerzo a base de sushi, sashimi y yakitori con Viña Salceda Reserva 2011, un vino tinto de Rioja ligero, de buen equilibrio entre la fruta madura y la madera, que para nada desentonó con la comida japonesa.

Abramos las posibilidades de nuestros acompañamientos de vinos y platos, siempre probando, experimentando. Indudablemente hay grandes maridajes, acompañamientos evidentes, pero como en todo en gastronomía, la premisa debe de ser disfrutar sin incomodas ataduras.