El juego de palabras es fácil, una cata de buenos vinos en el piso 36 de Torre Sevilla, impresionantes vistas de la ciudad y vinos muy peculiares en las copas. Todo ello con la presencia del bodeguero riojano Juan Luis Cañas y un nutrido grupo de la hostelería sevillana convocados por la distribuidora Martina Trader, tan bien llevada por su Gerente, José Costas.

Catando Amaren

Cita doble de bodegas, por un lado Bodegas Amaren, la “bodega de la madre”, el sentido homenaje de Juan Luis Cañas a Ángeles, su madre, una mujer entregada toda su vida al trabajo del viñedo y la bodega familiar. Que mejor homenaje que hacer en su honor unos grandes vinos.

Situada en la Rioja Alavesa, en la zona de la localidad de Samaniego, Amaren nace en 1995, con viñedos que exaltan la variedad Tempranillo con fincas tan peculiares como El Rebollar, con una agricultura que, según Juan Luis Cañas, va más allá de lo ecológico, eco sostenible la califica el bodeguero, en definitiva, pequeñas parcelas de secano donde se respeta el ecosistema y se procura una gestión natural de la viña.

Cuatro fueron los vinos catados de Bodegas Amaren, cinco si tenemos en cuenta el rico blanco fermentado en barrica que nos dio la bienvenida. Amaren Crianza 2015 abrió la cata y ya nos anticipó las características de estos vinos, frescos, destacando la fruta, fáciles de beber y con maderas de calidad apenas subrayando el vino. Más intenso de aromas el siguiente, Ángeles de Amaren 2013, uno de los mejores de la cata para mí, con fruta roja un punto licorosa, notas herbáceas de monte bajo y una suave cremosidad del roble (parte americano en este caso).

Vinos de la cata

Rojo intenso, muy sutil en nariz hasta que se abre, Amaren Reserva 2010, un tinto denso y goloso, 100% Tempranillo de un viñedo de 60 años con 22 meses de crianza en barricas francesas, elegante y largo. Y por último, para esta cata, una casi primicia, se presentó hace unos días en Bilbao, Carraquintana 2017, un viñedo calificado como “singular” con cepas de Tempranillo, Garnacha, Graciano y un 10% de Malvasía que marcan un vino fresco, vivo, floral y con un punto de dulzor donde apenas afloran los 14 meses de barrica.

Viajamos después a La Aguilera, pequeña localidad burgalesa que está adquiriendo relevancia en los últimos tiempos en la D. O. Ribera de Duero. La bodega es Dominio de Cair, donde subimos a unas altitudes de entre 820 y 950 metros. Viticultura de bajos rendimientos y respetuosa con el medio ambiente, elaboraciones de riberas diferentes, de indudable personalidad propia.

Gran asistencia del sector hostelero

Así comenzamos con Cair Cuvée 2017, quizás el vino más comercial de la cata, no lo digo en sentido peyorativo, al contrario, fresco, redondo, muy fácil de beber, con la nota sedosa de la Merlot (15%) completando la Tempranillo, con 9 meses de crianza en barrica. Goloso y vivo en boca se muestra el Selección La Aguilera 2015 y muy peculiar el Tierras de Cair, un 100% Tempranillo con 24 meses de barrica que nos trae unos intensos aromas balsámicos.

Culminamos la cata con una verdadera primicia, por primera vez catado en público, un gran vino, el Cruz del Pendón 2014, una selección de cuatro parcelas en el paraje Pago de la Cruz. Algo más de 6.000 botellas de un tinto con un bonito y brillante tono guinda, con fruta roja madura en nariz y elegantes y muy sutiles notas de crianza. Un vino más fresco y ligero de lo que se espera para una elaboración de estas características, con 18 meses en madera.