Decía un antiguo anuncio de la tele que “cuando un árbol se muere, algo nuestro se muere”. Hace poco recibimos la noticia del cierre de Can Ravell en Barcelona, un entrañable ultramarinos con magnífica trastienda de degustación. Este cierre me hace reflexionar sobre el cuidado que no hemos tenido en preservar nuestros más clásicos locales. Casa Moreno, afortunadamente, está más viva que nunca y es faro que guía hacía las buenas maneras de toda la vida.

Francisco Moreno

Negocio más que centenario, hace unos setenta años el padre de Francisco Moreno, actual propietario, se hizo cargo de esta tienda de ultramarinos con barra detrás, donde, en su entrada, cuelga una lista con más de setenta clase de bocadillos que te elaboran para llevar puesto sobre la marcha. Y todo lo demás que se espera de un local de coloniales como este: jamón al corte, chacinas, quesos, conservas de calidad, estuchados y legumbres a granel, vinos y licores, aceites de oliva virgen y, en fechas como las que dejamos atrás, una amplia gama de productos navideños, desde turrones y mantecados a, ¡oh, recuerdos de la niñez! Deliciosas de San Enrique.

Emilio Vega

Aquí el horro vacui del Barroco sevillano se cultiva a base de productos que espabilan nuestros jugos gástricos, amén de una retahíla de fotos históricas, motivos taurinos, carteles y mensajes agradecidos de parroquianos rendidos a las excelencias de sus anaqueles. Como verán, tengo cierta debilidad por el sitio, no es porque detrás de la barra está mi paisano trianero Emilio Vega (en el negocio desde 1990), que también, es que meterse en la trastienda para desayunar por la mañana o para el aperitivo del mediodía es como entrar en una casa conocida donde siempre estás cómodo, a pesar de las estrecheces del local.

Señale usted una lata y en un pis pas la tiene sobre la barra, y si no, pues cualquier montadito que, con creatividad y “maridajes” originales le ponen en papel encerado, como el de queso fundido con chorizo picante, la “tortilla de diseño”, aprovechamiento de la que queda del desayuno para hacer montaditos a mediodía (arte puro), o pidan cecina de León, salchichón de Riera, queso Pata de Mulo, o sobrasada, o melva, o… en fin, que vayan y lo prueben.

Una cosita antes de irnos, no pierdan de vista su bodega. La Cruzcampo fría es religión, lo sabemos, sea en botellín o en caña de buen pulso, pero merece la pena fijarse en los generosos andaluces y en los riojas y riberas que se sirven por copas.

Casa Moreno

C/ Gamazo, 7

Sevilla