Transitar por la Rioja, a uno u otro lado del Ebro, es siempre un placer para los sentidos y un chute de energía para el espíritu. El fondo de Sierra Cantabria es el telón ideal del escenario de valles y colinas donde los viñedos ondulan la vista en sus alineadas cepas. Bodegas y Viñedos Pujanza atesora en sus vides todo el saber y el sabor de generaciones de viticultores que, hoy en la figura de Carlos San Pedro, han llevado sus vinos a la élite mundial.

Finca Valdepoleo con el fondo de la Sierra Cantabria

El mismo Carlos San Pedro nos confiesa “hemos dado muchas vueltas y hecho muchos experimentos para, al final, hacer lo que decía mi abuelo”. Se refiere Carlos, este hombre de sonrisa franca y algo tímida, al cuidado del terruño y a las cepas propias de aquellos parajes, por eso sus tintos son de Tempranillo y sus blancos de Viura, sacan la máxima expresión, con su toque de indudable personalidad propia, de estos varietales autóctonos.

Este bodeguero de estirpe riojana, emprendió su proyecto más personal, Bodegas y Viñedos Pujanza, en 1998 con tan solo 25 años. Actualmente elabora en Pujanza cinco vinos, bueno, seis, y a continuación me explico. Cuatro tintos y un blanco que, en añadas especiales, es otro vino. San Pedro da vital importancia al viñedo y, por tanto, quiere que sus vinos hablen de su tierra, de su origen, vinos frescos y sutiles, con el apellido de “modernos” pero atesorando toda la tradición de la Rioja Alavesa, elegancia, frescor frutal, fáciles de beber y con una vocación indudable para la guarda.

Finca Norte

Bodegas y Viñedos Pujanza solo elabora vinos con uvas procedentes de viñedos propios, fijándose en la particularidad de cada finca, donde influye el suelo, la altitud, la orientación, la vejez de las cepas, cuestiones indispensables para comprender cada vino de la bodega. Así, el fácil y fresco Hado, un vino que habla de la tipicidad de la Rioja Alavesa y, en concreto, del entorno de Laguardia, con coupage de uvas procedentes de 23 fincas que se armonizan dependiendo del año.

Luego, tres tintos más, ya cada uno de una parcela concreta. Como Finca Valdepoleo, un terroir dividido en siete parcelas de las que procede un vino fresco y elegante que se cría durante 14 meses en roble francés.

El Pujanza Norte, procedente de una de los viñedos más emblemáticos de la bodega, cepas de Tempranillo plantadas a más de 700 metros de altitud sobre un suelo donde la roca madre de piedra caliza se encuentra tan solo a 50 centímetros de la superficie. Frutos silvestres, especias y una madera que matiza elegantemente un vino fresco y con peso en boca.

Vieja cepa en vaso de Pujanza

Cisma procede de Fina La Valcabada, un viñedo de menos de una hectárea con una edad centenaria, un vino complejo que nos habla de la historia de la Rioja Alavesa, con un carácter más mediterráneo que el Norte, este expuesto a los vientos de influencia atlántica, mientras que los aires más orientales entran a través del valle donde se asientan las cepas de Cisma. Crianza de 22 meses en roble francés para un vino equilibrado, sutil y largo.

Vinos de Bodegas y Viñedos Pujanza

Y el blanco, o los blancos. Procedente de un viñedo de Viura llamado San Juan Anteportalatina, se elabora un blanco que toma su nombre del terruño, Anteportalatina y que de esa misma tierra toma sus características. Fermenta en barricas de 225 y 500 litros de roble francés, para continuar su crianza en esos mismos depósitos durante 12 meses. En ese mismo viñedo, en años de climatología singular, nace Añadas Frías, cuyo nombre ya indica la particularidad que la climatología del año concede, a través de una maduración larga en las uvas, a un vino escaso y muy personal.

En Laguardia, en el corazón de la Rioja Alavesa, con el fondo de los picos de Sierra Cantabria, se erige entre 40 hectáreas de viñedos propios, el edificio de la bodega. Carlos San Pedro, quinta generación de viticultores transmite, en vinos de alta calidad y de carácter actual, toda la historia de una tierra donde la elaboración de vinos es milenaria.