Bodegas Valdespino, hoy perteneciente al potente grupo jerezano José Estévez, es una de las clásicas bodegas jerezanas de más antigua historia. Tenemos noticias de Don Alfonso Valdespino que llegó a tierra jerezanas junto al rey Alfonso X el Sabio para luchar contra los musulmanes, hablamos del año 1264. Como a otros muchos caballeros, tras la victoria, el rey le premio con tierras y fincas, en este caso en el entorno de la ciudad de Jerez.

Aunque hay datos que nos hablan de actividades comerciales desde el siglo XV, la firma A. R. Valdespino nace oficialmente en 1875, siendo ya en 1883 parte de la Real Orden de Proveedores de la Real Casa, siéndolo también de la Casa Real de Suecia desde 1932. De entre sus valiosos vinos, destaquemos por ejemplo el fino Ynocente, fermentado en las mismas botas de madera de 500 litros y único con diez criaderas en su sistema de maduración.

Ahora Valdespino lanza al mercado dos productos que quieren revitalizar, y lo hacen con éxito a mi juicio, ese concepto de Sherry Aperitifs o, dicho en “cristiano”, aperitivos jerezanos. Por una parte un vermut y, sorprendentemente, por otro, una Quina. Partiendo ambos de vinos de Jerez, logran dos productos de alta calidad y buen paladar. Comparten imagen, botellas y etiquetaje similares, con una elegante puesta al día de conceptos estéticos clásicos. Reseñemos la cata de cada uno de ambos.

El Vermouth Valdespino se aparta un poco de los rasgos usuales en los vermuts lanzados en los últimos años por algunas de las principales bodegas jerezanas, a mi parecer, demasiado especiados y dulzones la mayoría. Vermouth Valdespino ha conseguido un gran equilibrio entre el fondo de vinos de Jerez con que está elaborado, soleras de Oloroso y Moscatel, y los botánicos y frutas, que le dan una personalidad propia entre las marcas de la zona y otros tipo de vermuts como son los de las comarcas del Condado de Huelva o la zona catalana de Reus. Con un bonito color caoba, en nariz expresa de manera patente su base de vinos de Jerez, como un Oloroso con un punto abocado, menos especiado, como he señalado antes, que otras marcas jerezanas. Muy equilibrado en boca, un tanto untuoso y perfecto para un aperitivo con aceitunas con anchoas, frutos secos, banderillas con ahumados, unas gildas o unos sabrosos boquerones en vinagre. Aguanta perfectamente tres o cuatro cubitos de hilo, que le sacan un perfumado aroma, aunque no recomiendo el añadirle soda. Completar el perfect server con media rodaja de naranja, por afinidad, o media de limón, si se prefiere cierto contraste más ácido. Su fondo es envolvente, con recuerdos botánicos y afrutados, elegante y persistente.

El otro aperitivo que lanza al mercado Valdespino nos retrotrae a recuerdos de la infancia, Quina Valdespino. Los vinos quinados se acostumbraban a dar a los niños como un estimulante del apetito y reconstituyente, a veces batido con un huevo crudo y algo de azúcar añadido. Esta Quina, por sí sola es un gran aperitivo. Frutas, hierbas y especias, maceran en una selección de jereces envejecidos, Oloroso y Pedro Ximénez, el vino quinado adquiere su nombre y características personales por la maceración del extracto de quina y genciana. De un color caoba de reflejos dorados oscuros. En nariz nos llegan ecos de duelas de roble de las viejas botas jerezanas envinadas. En boca recuerda dulces de Pedro Ximénez sobre un fondo de Oloroso, con un punto de hierbas y especias, denso, envolvente. Un plus de calidad sobre aquellas quinas de la infancia.