De Blanco Enea

Fueron un par de veces las que estuve en Blanco Enea, un bonito y coqueto restaurante en Córdoba regentado por el chef José María González Blanco. Hace ahora un año que cerró sus puertas para emprender una nueva aventura profesional en Noruega.

José María González Blanco

Cuando José María González Blanco decidió cerrar su restaurante cordobés Blanco Enea, declaró que uno de los motivos era que había pasado de ser cocinero, de poder seguir aprendiendo e investigando en la ciencia culinaria, se había convertido en un empresario, todo el día pendiente de facturas, proveedores y, en definitiva, gestión del negocio, esto que tantas veces falla cuando un buen cocinero decide emprender un proyecto por su cuenta. Y es que es muy difícil dedicarse a un oficio tan absorbente y duro como el de los fogones y estar al mismo tiempo pendiente de la gerencia del mismo, de la promoción, de todo lo que conlleva una empresa que vive de la venta a un público que hay que atraer.

Recuerdo a José María como un tipo cercano, amable y muy simpático, pero, lo más importante, como un gran cocinero, con amor por los productos y la cocina andaluza y con novedosas ideas para valorar esos productos, investigando en nuevas

Mejillón en un suave escabeche,velo de suero de queso de cabra Los Balanchares y Cilantro (Blanco Enea)

formas, actuales y sabrosas, de ponerlos en un plato. Tengo que agradecer a la inquieta Estibaliz Redondo el que me invitara a conocer Blanco Enea. Formado con chef como Juan María Arzak y Ferrán Adrià, González Blanco, suponía con su Blanco Enea un soplo de aire fresco en el panorama de la hostelería cordobesa, donde, como ocurre en Sevilla, el peso de lo tradicional es muy importante.

No es la gastronomía el único sector profesional en España que sufre eso que se llama “fuga de cerebros”, pero convendría analizar cuáles son los factores que inciden en casos como el de

Huevas de choco a la marinera (Blanco Enea)

José María, cuánto hay de necesidad real y cuánto de decisión personal por ampliar horizontes en este tipo de apuestas por proyectos en el extranjero. Nos consta que José María tenía propuestas de la misma Andalucía y de otros puntos de España, pero optó por un proyecto en un sitio tan lejano y diferente a Córdoba como Noruega.

Deseamos que a José María le vaya bien en el Restaurante Norveg, en la localidad de Rorvik, un local que nos recuerda, también museo a pie del agua, al Guggenheim bilbaíno. Pero también deseamos que podamos contar con él en un futuro no muy lejano, en nuestra tierra para seguir disfrutando de sus creaciones culinarias.