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Hace uno días narré en nuestra revista la crónica de los premios The World’s 5 Best Restaurant celebrada en Bilbao, pero quería también hacer una pequeña reflexión posterior sobre mi regreso a la capital vizcaína y mi impresión sobre el ambiente y la hostelería de la ciudad.

Txacoli y pintxos de El Globo

Hacía tiempo que no me dejaba caer (el que vuela hasta el aeropuerto de Sondika sabe que la frase es casi literal) por el Botxo y estos días pasados allí, con toda la subjetividad que da el hecho de ser una visita rápida de tres días, me han hecho querer contar mis impresiones sobre el viaje.

Para empezar, creo que el Casco Viejo, salvo honrosas excepciones, se ha quedado en tabernas para abertzales y bares para grupos de guiris vociferantes y ávidos de cerveza, como pasa por ejemplo en el Barrio Santa Cruz de Sevilla, hay que saber espigar entre buenos bares y sitios para turistas, ojo, que algunos de estos también son aprovechables.

Indautxu y Abando son dos barrios céntricos, al otro lado de la ría, que concentran las zonas comerciales y financieras más importantes de la ciudad. En Abando, al pie de la ría, se encuentra el Museo Guggenheim, siguiendo la orilla hacia el oeste, cruzando el parque, el Museo de Bellas Artes de Bilbao, el Palacio Euskalduna y el Museo Marítimo. En la zona también dos de los más famosos hoteles históricos de la ciudad, el Ercilla y el Carlton. Indautxu, por cierto, tiene equipo propio de futbol, fundado en 1924, La Sociedad Deportiva Indautxu llegó a jugar en Segunda División en los años 50 del pasado siglo y en sus filas alineó al mítico Zarra, el equipo es hoy día una importante fuente de la cantera bilbaína.

Gildas del Abando

Pero hablemos de gastronomía y de los numerosísimos bares que en la zona en torno al gran edificio de la Diputación Foral de Vizcaya, palacio de finales del siglo XIX proyectado por el arquitecto Luis Aladrén Mendivil. Destacar la persistencia de bares con estilo cafetería de los setenta, pero ojo, cuidados y con estilo. Gastrobares habrá, no lo dudo, pero aquí la mayoría presentan barras de pintxos tradicionales, más o menos actualizados en algunas ocasiones y un servicio cercano y tradicional.

Rioja y pintxo de tortilla en el Abando

Una pega, la dudosa higiene de las barras llenas de bandejas de pintxos al alcance de la nariz de cualquier usuario, claro que vimos algunas con mamparas protectoras, pero la verdad es que pierden en espectacularidad y colorido. Gente, mucha, bilbaínos, tipos uniformados de traje y chaqueta, señoras de buen ver y buen vestir, trabajadores de la zona, gente de la ciudad, visitantes, poco turismo de guiri y chancla, por no decir ninguno, afortunadamente.

Algunas de las calles de la zona son peatonales, como la misma calle Diputación, donde iniciamos nuestro periplo en un clásico, el Restaurante Lasa, donde para comenzar de manera ortodoxa, me pido un txakoli vizcaíno y unas gildas. Enfrente San Gotardo y al lado una impresionante barra en Amaren, con una gama completa de vinos por copas, bien guardados a temperatura y la posibilidad de pintxos especiales, como el de chuletón, que te permite probarlo sin tener que pedir uno entero, o su guiso de buey, hay que señalar que este local ganó el Primer Premio al Mejor Bar de Pintxos de Bilbao Centro 2017.

Barra del Amaren

Otro clásico, 40 años lo contemplan, el restaurante Abando, impresionante su tortilla de patatas, cremosa por dentro, por poner una pega un poquito sosa (el mal de los cocineros de hoy en día), gran taco de bonito con picadillo, los tigres con tomate o sus pimientos rellenos de txangurro. Más pequeñito pero con sabrosos bocados, como su pintxo de gratinado de carne de cangrejo  o el de hongos con su crema y jamón.

Por último, en esta pincelada bilbaína, un restaurante, aclaremos que todos estos restaurantes tienen su parte de bar de pintxos con barra, un local con ofertas más evolucionadas, digamos pintxos y tapas un tanto actualizados, nos referimos a la barra del Bilbao Berria, en la calle Ledesma, donde probamos uno de los bocados más suculentos de nuestro viaje, una impresionante croqueta (esférica por cierto) de chipirón en su tinta, algo común en las croquetas que hemos comido por aquí, sus magníficas bechamel. Casi enfrente, en la misma calle, te puedes dar un homenaje de ostras en El Puertito.

 

Para los dulceros, también se ven algunas buenas confiterías por la zona, una de ellas, la Confitería Suiza, con un bodegón a base de botellas del vino de naranja de la onubense Bodega Sauci, sorpresas te da la vida.

Resumen sin ánimo de ser exhaustivo, variedad, calidad y buenos precios, y la montaña verde a dos pasos.