Aperturas de bares y restaurantes

Supongo que todos tenemos en mente los problemas de la histórica confitería La Campana de Sevilla con el Ayuntamiento de la ciudad. La arbitraria decisión de suprimir de manera radical su terraza en el kilómetro cero del casco urbano, ha llevado a este histórico negocio al borde del precipicio y a algunos de sus trabajadores al paro.

La Campana plaza

Terraza de la Confitería La Campana

Pero el tema de las terrazas no es el único problema al que se enfrentan los negocios de hostelería actualmente en Sevilla. De hecho, algunas veces es culpa del propio empresario, que abusa ilegalmente del acerado público, el que genera disputas no solo con los munícipes sino también con sus propios vecinos.

Y a los vecinos me vengo a referir cuando señalo la creciente dificultad de abrir un bar con cocina o un restaurante en la ciudad hispalense. Dos son los problemas principales, por una parte el mencionado de las terrazas, no como ocupación del espacio público, que también, sino en este caso me refiero al ruido que genera sobre los pisos de un edificio o edificios cercanos. En este caso no es solo el ruido generado en las terrazas, también el del interior de los locales, en muchos casos sin una insonorización adecuada. Conozco bien el problema desde hace muchos años ya que de joven viví sobre un bar, y les puedo asegurar que la música y las voces a ciertas horas de la noche te hacían la vida muy incómoda, por no decir insoportable, numerosísimas llamadas a la policía local nunca solucionaron el problema.

A la cuestión del ruido se ha añadido el problema de las salidas de humos. Para que la cocina de un negocio de hostelería pueda evacuar los humos generados por un tubo interior a través del edificio en cuyos bajos se encuentre el local, debe contar con la aprobación de la comunidad de vecinos correspondiente. Esa aprobación vecinal es cada vez más difícil que se produzca. Hay quien tira por la calle de en medio y, de manera ilegal, saca una chimenea por donde le parece, inundando la calle de olores continuamente.

Plaza de El Salvador de Sevilla

Algunos vecinos, cansados de estas situaciones o, simplemente, no dispuestos a tener un bar bajo su casa, optan por comportamientos ciertamente agresivos. Conozco un bar, hoy cerrado, cuyo propietario se encontraba todas las mañanas bolsas de basura abiertas y esparcidas en la puerta de su negocio. Sé también de dos casos en los que las terrazas de los locales, recibían regularmente el refrescante baño de agua proporcionado por algún vecino de pisos superiores, o las constantes llamadas a la policía local de los más “legales”.

Nuestra ciudad, como tantas otras de nuestro país, sobre todo en el amplísimo caso histórico, posee una trama urbana de calles angostas donde los bares se incrustan en el entramado de locales comerciales ubicados en los bajos de los bloques de pisos. Ello hace que sea difícil la convivencia entre hostelería y vecinos, los que, por cierto, normalmente frecuentarán bares de otros sitios, molestando ellos a su vez a otros ciudadanos. Muy difícil solución ya que en Sevilla a la gente le gusta poco desplazarse para visitar bares y restaurantes, son escasos los negocios hosteleros que triunfan en zonas periféricas, como polígonos industriales, no ocurre como por ejemplo en Estados Unidos, donde es fácil encontrar bares en edificios exentos de viviendas e, incluso, con aparcamiento alrededor.

La única solución para los que se arriesguen a la aventura de emprender un negocio de hostelería con cocina al viejo estilo, no vamos a hablar aquí y ahora de la nueva ola de quintas gamas y precocinados, es optar al traspaso de algún local que cuente con licencia en vigor y en toda regla anteriormente.